Existen razones de peso para recomendar una mayor ingesta de fibra alimentaria. Estos carbohidratos, presentes en la fruta, la verdura, las legumbres y los cereales integrales, nos ayudan a mantenernos sanos. Sus virtudes han sido avaladas por numerosos estudios científicos, que han concluido que una dieta rica en fibra reduce el riesgo de desarrollar, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, diabetes o artritis. Y más importante aún, este tipo de alimentación parece reducir la tasa de mortalidad por cualquier causa. Hasta ahora, resultaba difícil explicar el porqué de los beneficios de consumir fibra. Pero un estudio ha aportado nuevas pruebas del papel clave de la microbiota intestinal en la mejora de la salud con una dieta rica en fruta y verdura.

De hecho, al parecer la fibra no sería beneficiosa per se para el organismo. El ser humano no es capaz de degradar las fibras (carbohidratos de cadena larga) en moléculas de azúcar más pequeñas, por lo que estas se desplazan sin digerir por todo el tracto digestivo hasta llegar al colon, donde la microbiota intestinal las devora.

Dos estudios recientes publicados en la revista científica Cell Host and Microbe han arrojado luz sobre cómo la microbiota intestinal saca provecho de las dietas ricas en fibra. En ambos estudios, los investigadores cambiaron la dieta rica en fibra de un grupo de ratones a otra pobre en fibra. Constataron que tras este cambio de alimentación, el número y la variedad de sus microbios intestinales disminuía. Asimismo, el defecto de fibra provocaba un estrechamiento de los intestinos causando así una reacción inmunitaria: inflamación.

Tras haber demostrado los efectos de la carencia de fibra en la dieta sobre la microbiota intestinal y en la salud de los ratones en general, los científicos se centraron en cómo revertir sus síntomas y restablecer una microbiota intestinal sana. Para ello añadieron inulina, un tipo de fibra no fermentable similar a un prebiótico, a la alimentación de los ratones. Si bien es cierto que observaron ciertas mejoras y un restablecimiento de la comunidad microbiana intestinal, estos eran solo parciales.

«Las dietas pobres en fibra alteran la composición bacteriana y el metabolismo bacteriano, y esto a su vez debilita la capa mucosa interna, y facilita que las bacterias la atraviesen, lo cual desencadena una inflamación y en último lugar, enfermedades metabólicas», explica Gunnar C Hansson, profesor de la Universidad de Gotenburgo y coautor del estudio. «No es suficiente con añadir fibra a nuestra dieta, también dependerá del tipo de bacterias intestinales que alberguemos».

Esto se se debe a que los diferentes grupos de bacterias se alimentan de diferentes tipos de fibra. Cada cepa de bacteria se especializa en tipos determinados de fibra, llegando a secretar enzimas específicas para degradar esa fibra Lo que explica la importancia de seguir una dieta rica en diferentes tipos de fibra y obtener así una comunidad microbiana variada, equilibrada y rica. Por ejemplo, algunas bacterias, así como las especies que dependen de ellas, acaban muriendo si se les priva de fibra. Incluso existen cepas de bacterias que, a falta de fibra para alimentarse, se nutren de la capa mucosa del intestino, cuyo papel es impedir que las bacterias lleguen al flujo sanguíneo.

¡Pero no acaban aquí las razones para asegurarnos de que a nuestra microbiota intestinal nunca le falten alimentos con fibra! Una vez extraída toda la energía que necesitan de la fibra alimentaria, las bacterias se deshacen de los fragmentos restantes. Y entre estos se encuentran ácidos grasos de cadena corta que nuestro intestino absorbe y utiliza como combustible.

 

Artículos de referencia:

Zou J, Chassaing B, Singh V et al. Fibre-Mediated Nourishment of Gut Microbiota Protects against Diet-Induced Obesity by Restoring IL-22-Mediated Colonic Health. Cell Host and Microbe, 2017. DOI: 10.1016/j.chom.2017.11.003

Schroeder B, Birchenough, G, Stahlman M et al. Bifidobacterium or fibre protect against diet-induced deterioration of the inner colonic mucus layer. Cell Host and Microbe, 2017. DOI: 10.1016/j.chom.2017.11.004

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina