
El café hace mucho más que mantenernos despiertos. Un nuevo estudio dirigido por el profesor John Cryan, de University College Cork, sugiere que el consumo habitual de café podría influir en la microbiota intestinal de formas que afectan a la función inmunitaria, la respuesta al estrés y la comunicación intestino-cerebro. Mediante el seguimiento de consumidores habituales de café durante un periodo de retirada y posterior reintroducción, los investigadores observaron que dejar de consumir café alteraba temporalmente el microbioma intestinal, mientras que reintroducir café, tanto con cafeína como descafeinado, ayudaba a revertir muchos de estos cambios.
Durante su visita a Barcelona para participar como ponente en el Biomedical Research Symposium, organizado por el Departamento de Medicina y Ciencias de la Vida de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y celebrado en el Auditorio del PRBB, el equipo de Gut Microbiota for Health compartió un café con Cryan para conversar sobre su último estudio y sobre lo que este revela acerca del papel del café, la cafeína y los polifenoles en la modulación del eje microbiota-intestino-cerebro.
Su último estudio analiza cómo influye el café en el eje microbiota-intestino-cerebro. ¿Qué los llevó a investigar esta relación?
Nos interesamos por el café porque es rico en polifenoles, unos compuestos vegetales que dan color a muchos alimentos. Se ha demostrado que influyen en la composición del microbioma y que, a su vez, son metabolizados por este. Queríamos investigar cómo el café, a través de sus polifenoles, influye en el microbioma de formas que afectan a la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Hicieron un seguimiento de 30 consumidores habituales de café mientras dejaban de tomarlo y posteriormente volvían a incorporarlo. ¿Qué ocurrió con su microbiota intestinal durante este proceso?
Queríamos observar todo el proceso: el consumo de café, su retirada y su reintroducción. Esto nos permitió ver qué ocurría en el microbioma intestinal durante las distintas fases. Uno de los aspectos que pudimos demostrar es que, durante la retirada del café, se produjeron cambios no solo en el microbioma, sino también en la función inmunitaria, los niveles de ansiedad y algunos aspectos de la cognición. Estos cambios parecían producirse de manera simultánea. Cuando los participantes volvieron a tomar café, muchas de estas medidas comenzaron a regresar a sus valores habituales. Una de las mayores sorpresas fue que la reintroducción del café descafeinado produjo efectos positivos similares.
Entonces, ¿la cafeína no era el principal factor responsable?
Esa es una de nuestras hipótesis. Creemos que el efecto podría estar mediado por la señalización microbiana. En condiciones normales, los polifenoles del café ayudan a nutrir determinados microbios intestinales y contribuyen a mantener un diálogo estable entre el intestino y el cerebro. Cuando esta fuente de nutrientes desaparece durante la retirada del café, la comunidad microbiana cambia y comenzamos a observar más respuestas inflamatorias. Por supuesto, se trató de un estudio relativamente pequeño, por lo que ahora es necesario confirmar estos hallazgos.
¿Podrían otros alimentos ricos en polifenoles, como el chocolate negro, producir efectos similares?
Sin duda, sería interesante estudiarlo. Mi impresión es que probablemente no producirían exactamente los mismos efectos, porque el café contiene una combinación única de polifenoles. Estos son diferentes de los que encontramos en alimentos como las uvas, las cebollas o el té verde, y podrían influir en el microbioma de maneras distintas.
¿Hubo alguna bacteria o metabolito microbiano que destacara especialmente?
Sí. Identificamos varios grupos bacterianos cuya abundancia cambiaba de forma consistente con el consumo de café, en particular Eggerthella and Cryptobacteria. También observamos cambios en metabolitos que se sabe que influyen en el sistema nervioso entérico, entre ellos el GABA y metabolitos derivados del triptófano. Cuando se reintrodujo el café, reaparecieron algunos metabolitos del triptófano, junto con ácidos grasos de cadena corta.
¿Qué nos dicen estos hallazgos sobre el posible impacto del café en la salud?
Nuestros resultados coinciden con un creciente conjunto de investigaciones. Grandes estudios poblacionales realizados por Nicola Segata y otros grupos también han relacionado el consumo de café con cambios en el microbioma intestinal que podrían beneficiar la salud general. Asimismo, están surgiendo evidencias epidemiológicas que sugieren que las personas con demencia tienden a consumir menos café que aquellas que no la tienen, lo que plantea la posibilidad de que el café pueda desempeñar un papel protector en el mantenimiento de la función cognitiva a medida que envejecemos.
A partir de sus hallazgos, ¿recomendaría el café como un psicobiótico dietético para beneficiar nuestro estado de ánimo y cognición en el día a día?
Si ya eres un consumidor moderado de café, creo que nuestros hallazgos sugieren que el café podría ser beneficioso para tu microbioma y tener efectos positivos sobre la comunicación intestino-cerebro. Lo especialmente interesante es que el café descafeinado pareció producir efectos similares. Por tanto, las personas que quieran reducir su consumo de cafeína podrían seguir obteniendo muchos de los posibles beneficios del café combinando café con cafeína y descafeinado a lo largo del día.