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Además de la dieta y el ejercicio, los microbios intestinales podrían ser nuestros aliados a la hora de adelgazar

La dieta y el ejercicio siguen siendo las primeras intervenciones para perder peso, pero se observa una respuesta variable de individuo a individuo y es habitual que la mayoría de las personas acaben recuperando el peso perdido en el plazo de dos años. El ecosistema intestinal podría explicarlo en parte y la evidencia más reciente sugiere que enfocarnos en el intestino podría permitirnos avanzar. Una de las teorías sobre el origen de la obesidad, con evidencias procedentes tanto de ratones como de humanos, incorpora la microbiota intestinal y la inflamación.1, 2

En los últimos años, el personal científico ha investigado sobre cómo los minúsculos microbios que pueblan el intestino favorecen el metabolismo y la regulación del peso corporal. Los hallazgos iniciales mostraron que los ratones libres de gérmenes presentan una reducción de grasa corporal, mientras que los ratones que recibieron la microbiota de un gemelo obeso subieron más de peso que los ratones que la recibieron de un gemelo delgado, algo que no se explicó mediante el número de calorías de la dieta que ingirieron. Así pues, los hallazgos no se confirman siempre sistemáticamente y el «reseteo» de la microbiota intestinal mediante trasplante de microbiota fecal en pacientes que se someten e cirugía bariátrica no parece afectar a la pérdida de peso.3

Con respecto al desafío de definir en qué consiste una microbiota intestinal sana, la investigación reveló la inexistencia de diferencias sistemáticas entre la microbiota de personas delgadas y la microbiota de personas con obesidad;4 asimismo, reveló que no está claro el papel de la microbiota en la infancia con respecto al riesgo de padecer obesidad más tarde en la vida.5 Sin embargo, la microbiota intestinal sí que está involucrada en la salud metabólica, como puede ser el control de la glucemia y el comportamiento en la ingesta de alimentos, lo que explica por qué no todas las personas pierden peso al cambiar de estilo de vida.

 

Nuevas pistas sobre cómo controlan nuestras preferencias alimentarias las bacterias intestinales

Los equipos científicos han sugerido que una composición desequilibrada en el microbioma intestinal y los metabolitos tienen una relación causal con comportamientos inadecuados ante los alimentos, como pueden ser las alteraciones en las preferencias por alimentos palatables y el comportamiento de búsqueda de comida que se observa en la obesidad.6, 7 Un nuevo estudio aporta evidencias preliminares sobre la idea de que los microbios intestinales podrían afectar al comportamiento ante los alimentos al modelar la neurotransmisión de dopamina en áreas del cerebro relacionadas con la satisfacción por la comida.8, 9 Una hipótesis mecanicista propone la activación de la neuroinflamación mediada por los microbios intestinales, dado que una alimentación con alto contenido de grasas aumenta los niveles plasmáticos de lipopolisacáridos (un componente de la pared celular de algunas bacterias), lo cual provoca inflamación, incluso en el cerebro. El personal investigador mostró que este componente bacteriano puede desencadenar la desregulación de la satisfacción por la comida cuando alcanza el cerebro, lo que acaba derivando en alteraciones en las preferencias por alimentos palatables y en el comportamiento de búsqueda de comida.8

Otro dato que también resulta interesante es que los receptores presentes en el revestimiento intestinal modulan los niveles de un metabolito microbiano clave, influyendo a la larga en la preferencia del cerebro por el azúcar. Se descubrió que, en ratones y humanos, el receptor 4 de ácidos grasos libres (Ffar4) del intestino regula la abundancia de Bacteroides vulgatus, que produce el metabolito pantotenato (ácido pantoténico o vitamina B5), provocando la secreción de las hormonas GLP1 en el intestino y FGF21 en el hígado, encargadas de actuar sobre el hipotálamo para reducir la ingesta de azúcar. Curiosamente, los niveles de B. vulgatus son reducidos en ratones y humanos diabéticos. Dado que la GLP-1, por sí sola, no afectó a la preferencia por el azúcar y la producción de la FGF21 en el hígado era un paso obligatorio, dichos hallazgos ponen de manifiesto que la conexión cerebro-intestino no es la única implicada, sino que también lo está el eje intestino-hígado-cerebro.10 Estos hallazgos sugieren que las bacterias intestinales pueden causar antojos de azúcar, provocando así un mayor consumo de alimentos azucarados, algo que se observó que sucede en la obesidad.

En línea con dichos hallazgos, investigaciones previas llevadas a cabo en ratones también revelaron que otras especies microbianas presentes en el intestino (por ejemplo, Faecalibacterium prausnitzii y Bacteroides uniformis) o sus metabolitos pueden reducir la sobrealimentación.11, 12 Esto respalda que el consumo excesivo podría estar modulado por el microbioma intestinal.13

 

Es posible que las personas que padecen trastornos relacionados con la obesidad se beneficien de intervenciones dietéticas centradas en la microbiota intestinal

Aunque la primera intervención para abordar la obesidad es la dieta saludable y el ejercicio suficiente, estudios recientes llevados a cabo con humanos sugieren que las personas que padecen obesidad podrían beneficiarse de intervenciones dietéticas y con suplementos que actuaran específicamente sobre el microbioma:

  • Probióticos con Lactobacillus y Bifidobacterium: El género Lactobacillus es el probiótico más estudiado para la obesidad y los efectos beneficiosos para el peso y la grasa corporal en personas con sobrepeso parecen depender de las cepas.14 Varios estudios han demostrado que la suplementación con Bifidobacterium breve B-3 en individuos con un IMC situado entre 25 y 30 durante un periodo de 12 semanas produjo una reducción de la masa grasa y del perímetro abdominal, así como un incremento en los niveles séricos de HDL.15, 16 Asimismo, en dos estudios llevados a cabo por la Universidad Autónoma de Madrid se investigaron los efectos sinérgicos de una dieta mediterránea hipocalórica combinada con la administración de una combinación de probióticos compuesta por Bifidobacterium breve B-3, Lactobacillus plantarum LP-115 y Lactobacillus acidophilus LA14 en pacientes con obesidad tipo 1 (30<IMC<34,9), en comparación con el seguimiento de una dieta únicamente. Los resultados indicaron que el grupo de intervención experimentó una reducción estadísticamente significativa en parámetros antropométricos y sanguíneos asociados con el riesgo cardiovascular, así como un aumento significativo de especies bacterianas inversamente asociadas al sobrepeso o la obesidad, como Bifidobacterium, Faecalibacterium spp. y Akkermansia muciniphila.17, 18
  • Microbios beneficiosos de próxima generación: entre las bacterias con beneficios prometedores para la pérdida de peso y el control glucémico están Akkermansia muciniphilaHafnia alveiHA4597TM y Eubacterium hallii.19 Algunos de los principales mecanismos de acción implicados son la restauración de la barrera intestinal, la mejora de la sensibilidad a la insulina, la reducción del colesterol total, y la disminución de varios marcadores de inflamación e insuficiencia hepática. Los posibles beneficios de Hafnia alvei parecen estar relacionados con la síntesis de una proteína capaz de modular la percepción de la saciedad en el cerebro.20, 21
  • Almidón resistente tipo 2: el consumo de 40 g al día de almidón resistente durante 8 semanas condujo a un menor peso corporal, una menor masa grasa visceral, una reducción en la absorción de lípidos (al estar respaldada por un mayor contenido de grasa fecal), y a un enriquecimiento de Bifidobacterium adolescentis, un degradante principal del almidón resistente, en comparación con el almidón de control no prebiótico22.

Además de estimular los comensales beneficiosos del intestino y de reforzar la barrera intestinal, es posible que algunos consejos dietéticos adicionales ayuden a controlar el peso. Un estudio llevado a cabo en más de 100 000 personas respalda que una dieta basada principalmente en alimentos de origen vegetal y alimentos no procesados, y que incluya una ingesta moderada de alimentos de origen animal se asocia al envejecimiento saludable sin la presencia de enfermedades cardiovasculares crónicas.23 El ayuno intermitente, en particular la ingesta de alimentos restringida por horas, también fue eficaz para la pérdida de peso en adultos con sobrepeso u obesidad.24

También parece razonable reducir las campañas de marketing que promuevan el consumo de alimentos poco saludables. En este contexto, resulta prudente limitar los edulcorantes artificiales y los alimentos azucarados lo máximo posible, incluso en personas físicamente activas.25 Esta recomendación se basa en hallazgos recientes en ratones y humanos que muestran que el azúcar y algunos edulcorantes artificiales pueden desencadenar inflamación y están vinculados a un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2.25-27

 

Conclusiones

  • Aunque la dieta y el ejercicio son la primera intervención para la pérdida de peso, una modulación apropiada del microbioma intestinal también podría favorecer el control del peso.
  • Las bacterias intestinales pueden causar antojos de azúcar y provocar así un mayor consumo de alimentos azucarados, aspecto observado en la obesidad.
  • Aunque el primer tratamiento de la obesidad es una dieta saludable y ejercicio suficiente, algunos probióticos, novedosos microbios beneficiosos y el almidón resistente podrían ser útiles en el abordaje del sobrepeso.

 

Referencias:

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