El contenido educativo de esta publicación, elaborado en colaboración con Danone Research & Innovation, fue desarrollado y aprobado de forma independiente por el equipo editorial y el consejo editorial de GMFH.


Hinchazón, digestiones irregulares o una sensación de cansancio mayor de lo habitual son molestias que muchas personas experimentan en algún momento de su vida sin recibir un diagnóstico claro. Cada vez hay más evidencia de que la microbiota intestinal —la comunidad de microorganismos que habita nuestro aparato digestivo— desempeña un papel importante en muchos de estos síntomas cotidianos. Sin embargo, definir qué es exactamente una microbiota «saludable» sigue siendo un desafío.

Entre los microorganismos que más interés han despertado en los últimos años se encuentran las bifidobacterias, consideradas cada vez más un marcador de la salud intestinal a lo largo de toda la vida. Están presentes desde el nacimiento, forman parte de los primeros microorganismos que colonizan nuestro intestino, contribuyen al desarrollo del sistema inmunitario durante los primeros años de vida y nos acompañan a medida que envejecemos, adaptándose, interactuando con otros microorganismos y, en muchos casos, disminuyendo con la edad.

Las bifidobacterias están presentes en la gran mayoría de las personas desde el nacimiento, y los investigadores las consideran cada vez más uno de los indicadores más relevantes de la salud intestinal. Los estudios sugieren que su papel en el desarrollo temprano del sistema inmunitario y los procesos que tienen lugar durante los primeros 1.000 días de vida pueden tener efectos duraderos sobre la salud. Pero ¿qué ocurre con ellas a medida que envejecemos? ¿Y qué podemos hacer para favorecer su presencia?

Sudarshan Shetty, PhD, líder sénior del equipo de Microbioma en Danone Research & Innovation (Utrecht, Países Bajos), investiga cómo evolucionan estos microorganismos desde el nacimiento hasta la vejez, qué nos revelan sobre nuestra salud y cómo la alimentación puede ayudar a mantenerlos. Durante la Cumbre mundial de Gut Microbiota for Health 2026, el equipo editorial de GMFH conversó con él para profundizar en estas cuestiones.

 

¿Existe una microbiota intestinal «normal» o «saludable»?

La microbiota intestinal varía considerablemente de una persona a otra. Lo que se considera saludable para un individuo puede ser muy diferente para otro, ya que está condicionado por factores como la edad, la genética, el entorno y la historia de vida. Recientemente, un consenso internacional liderado por científicos de la ISAPP comenzó a establecer un marco para definir qué entendemos por «salud intestinal», aunque la evidencia científica continúa evolucionando.

En lo que cada vez existe mayor consenso es en que clasificar la microbiota simplemente como «saludable» o «no saludable» resulta una visión demasiado simplista. La salud se sitúa en un continuo, y distintos factores, como una enfermedad o el uso de antibióticos, pueden alterar el equilibrio del ecosistema intestinal de maneras que no siempre son fáciles de revertir.

¿Qué factores influyen en la microbiota intestinal de las personas sanas?

Incluso antes de que aparezca una enfermedad o se produzca cualquier intervención, la microbiota intestinal está en constante cambio. Factores como el sexo, la edad, el origen étnico y el estilo de vida influyen en su composición, pero también lo hacen otros aspectos más sutiles, como el nivel de estrés, la calidad del sueño o qué comemos y cómo lo hacemos.

En cierto modo, la microbiota es un reflejo de nuestra historia de vida. Conserva la huella del tipo de nacimiento que tuvimos, de las exposiciones durante la infancia y del efecto acumulado de todo lo que hemos vivido desde entonces. Por eso, una microbiota saludable a los 30 años no tiene por qué ser igual a una microbiota saludable a los 70.

 

¿Cómo saber si una microbiota intestinal es saludable?

Más que la composición, lo que realmente importa es la función. Dos personas pueden tener comunidades bacterianas muy diferentes y, sin embargo, ambas disfrutar de una microbiota saludable. Lo esencial es que esos microorganismos desempeñen correctamente sus funciones: ayudar a digerir los alimentos, producir metabolitos beneficiosos y mantener el sistema inmunitario en equilibrio.

Entre esos metabolitos destacan los ácidos grasos de cadena corta, especialmente el butirato, que constituye una importante fuente de energía para las células que recubren el colon y contribuye a regular la respuesta inmunitaria. Cuando estas funciones comienzan a deteriorarse, pueden favorecer la aparición de inflamación y de síntomas digestivos como hinchazón, fatiga o malestar, molestias muy frecuentes cuya causa muchas veces resulta difícil de identificar. De hecho, la activación del sistema inmunitario intestinal se perfila cada vez más como uno de los mecanismos clave detrás de muchas molestias digestivas crónicas.

 

¿Qué son las bifidobacterias y por qué son importantes para la salud intestinal?

Las bifidobacterias se encuentran entre los primeros microorganismos que colonizan el intestino después del nacimiento y predominan durante los primeros años de vida. A medida que crecemos, también evolucionan: interactúan cada vez más con otros microorganismos, desempeñan un papel clave en el complejo ecosistema del intestino adulto y, lamentablemente, se vuelven más vulnerables a disminuir con la edad.

La evolución de las bifidobacterias a lo largo de la vida está estrechamente relacionada con la salud. Diversos estudios han demostrado que las personas que envejecen de forma saludable suelen mantener niveles más elevados de estas bacterias. Su disminución progresiva con la edad, acelerada por factores como el uso de antibióticos, es una de las razones por las que Shetty y otros investigadores las consideran un importante marcador de la salud intestinal, y no simplemente un microorganismo más dentro de la microbiota.

 

¿Qué alimentos aumentan las bifidobacterias en el intestino, especialmente en los adultos mayores?

La buena noticia es que las bifidobacterias responden a la alimentación y no necesitan intervenciones drásticas para prosperar. Su principal fuente de alimento es la fibra dietética, aunque no solo importa la cantidad, sino también la variedad. Consumir distintos tipos de fibra provenientes de diversos alimentos de origen vegetal favorece una mayor diversidad de funciones microbianas que depender de una sola fuente. Los alimentos fermentados también pueden contribuir a mantener una microbiota saludable.

En las personas con niveles bajos de bifidobacterias —ya sea debido al envejecimiento, determinadas enfermedades o al uso previo de antibióticos— algunos prebióticos pueden ofrecer un apoyo más específico. Por ejemplo, se ha demostrado que los galactooligosacáridos (GOS) estimulan de forma selectiva el crecimiento de las bifidobacterias.

Comprender qué estrategias nutricionales funcionan mejor para cada persona es una de las áreas de investigación más activas en la actualidad. Este conocimiento podría tener importantes implicaciones para enfermedades en las que las alteraciones de la microbiota intestinal desempeñan un papel relevante, como algunas formas del síndrome del intestino irritable (SII) y otros trastornos digestivos funcionales.

 

¿Hacia dónde se dirige la investigación sobre la microbiota?

El siguiente gran desafío es avanzar hacia una mayor precisión. El objetivo ya no es simplemente mejorar la microbiota en general, sino hacerlo de manera personalizada y dirigida. Esto implica comprender quién ha perdido bifidobacterias, por qué ha ocurrido y cómo es posible restaurarlas mediante la alimentación u otras estrategias nutricionales específicas.

También supone trabajar con grandes volúmenes de datos y utilizar herramientas de aprendizaje automático capaces de identificar patrones que los estudios individuales no pueden detectar por sí solos. Además, requiere una estrecha colaboración entre especialistas de diferentes disciplinas, desde nutricionistas y profesionales clínicos hasta científicos computacionales e investigadores de la industria.

La investigación sobre la microbiota avanza a gran velocidad y el conocimiento generado gracias a estas colaboraciones comienza a traducirse en recomendaciones prácticas para las personas que desean cuidar mejor su salud intestinal.

 

 

En conjunto, esta conversación presenta una visión de la microbiota intestinal como un ecosistema dinámico, único para cada persona y, sobre todo, modificable. Las bifidobacterias ofrecen una valiosa ventana para comprender cómo evoluciona la salud intestinal a lo largo de la vida, mientras que la alimentación continúa siendo la herramienta más accesible y eficaz que la mayoría de las personas tiene a su alcance para influir positivamente en ella.