Los investigadores han comenzado a estudiar cómo puede la microbiota intestinal contribuir a la protección frente a la COVID-19 o, por el contrario, al incremento del riesgo de contraer una forma más grave de la enfermedad. Sus conclusiones podrían resultar de suma relevancia en la prevención de la elevada tasa de mortalidad en personas mayores, especialmente aquellas ingresadas en residencias.

Los estudios científicos sugieren que una microbiota intestinal desequilibrada podría  influir en la resistencia a la insulina en los pacientes de diabetes tipo 2 y que el ejercicio físico tendría efectos positivos en la microbiota intestinal y el metabolismo.

La microbiota intestinal, gracias a su estrecha relación con el metabolismo y el sistema inmunitario, constituye uno de los centros neurálgicos de nuestra salud, una posición que la coloca en mitad de los procesos que influyen en el riesgo de contraer enfermedades.

La investigación en el ámbito de la nutrición personalizada es cada vez más relevante y podría contribuir en el futuro a planear mejor las intervenciones nutricionales para obtener una mejor respuesta de los pacientes.