Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la causa número uno de mortalidad en todo el planeta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, solo en 2022 fallecieron casi 20 millones de personas por este motivo, una cifra que representa cerca del 32% de todas las muertes a escala mundial. La mayoría de estas enfermedades suelen comenzar con la acumulación de grasa en la pared arterial, que poco a poco va formando placas que estrechan y endurecen los vasos sanguíneos; es lo que se conoce como aterosclerosis.
Hasta el momento, se consideraba que el colesterol era el factor de riesgo principal. Sin embargo, investigadores españoles han descubierto un nuevo mecanismo vinculado a las bacterias intestinales.
Cada vez hay más evidencia acerca del papel crucial que desempeña la microbiota intestinal en la salud cardiovascular. Ahora, investigadores españoles del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) han descubierto que una molécula producida por las bacterias en nuestro intestino induce la aterosclerosis, una enfermedad que puede acabar provocando ictus e infartos.
El descubrimiento, que publican en Nature, abre la puerta a, por un lado, poder detectar esta molécula en sangre para poder diagnosticar de forma temprana la enfermedad. Y, por otro, a desarrollar fármacos capaces de neutralizarla para prevenir problemas cardiovasculares.
Este metabolito, “está producido exclusivamente por bacterias del intestino”, explica Annalaura Mastrangelo, investigadora del CNIC y primera autora del estudio. “En este trabajo hemos visto que su presencia en sangre se relaciona con el desarrollo de aterosclerosis activa en personas aparentemente sanas”, añade.
“En la aterosclerosis activa las placas de grasa tienden a romperse más y dar lugar a los trombos que causan los ictus e infartos”, explica a Gut Microbiota for Health David Sancho, jefe del laboratorio de inmunobiología del CNIC y líder del estudio.
En experimentos realizados con ratones a los que administraron esta molécula, los investigadores vieron que los animales desarrollaban placas en las arterias y que, además, aumentaba la inflamación sistémica, lo que también contribuye a la aparición de la aterosclerosis. “Esto es importante porque abre una nueva vía de tratamiento”, considera Sancho.
Metabolitos intestinales y salud cardiovascular
No es la primera vez que se vincula una molécula producida por bacterias intestinales con la salud cardiovascular. Algunos metabolitos, como los ácidos grasos de cadena corta -propionato, butirato, acetato- se ha visto que tienen un efecto beneficioso, mientras que otros, como el TMAO, contribuyen también a la aterosclerosis.
En este caso, el estudio realizado por los científicos del CNIC parte de un proyecto de este centro que arrancó en 2017 en el que comenzaron a seguir a miles de trabajadores de entre 40 y 55 años del Banco Santander –estudio PESA– con el objetivo de averiguar cuándo se originaban las enfermedades cardiovasculares. Entonces, vieron que 6 de cada 10 personas aparentemente sanas ya tenían signos de aterosclerosis. Y es entonces cuando Sancho y su equipo comenzaron a indagar qué factores estaban detrás de esa acumulación de placas de grasa en las arterias. Observaron que la mayoría de las personas con aterosclerosis activa presentaban niveles elevados de esta molécula bacteriana en sangre.
La dieta mediterránea, un potencial protector
“Nuestro trabajo muestra que niveles de propionato de imidazol más bajos se relacionan con una mejor salud cardiovascular y que las personas que siguen una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, pescado, té y lácteos bajos en grasas suelen tener menos de este metabolito en sangre”, explica Sancho. En cambio, han visto que las personas que siguen una dieta occidental, rica en grasas, presentan niveles elevados de propionato de imidazol.
Por el momento, los investigadores se muestran cautos a la hora de hablar de recomendaciones alimentarias. Aunque se ha vinculado la dieta mediterránea a menor cantidad de este metabolito y mejor salud cardiovascular, Sancho apunta que “por el momento se desconoce si esta molécula puede tener funciones beneficiosas en otros contextos, como por ejemplo activado el sistema inmunitario”.
Los investigadores del CNIC también han hallado que esta molécula parece promover la aterosclerosis en ratones incluso cuando los niveles de colesterol son normales. Eso podría explicar por qué algunas personas aparentemente sanas y sin factores de riesgo convencionales, como hipertensión o colesterol elevado, pueden desarrollar una enfermedad cardiovascular.
Una línea de investigación con potencial terapéutico
Cuando los científicos bloquearon mediante fármacos el receptor de esa molécula, fueron capaces de prevenir la aparición de la aterosclerosis y de reducir su progresión en ratones, lo que abre la puerta a desarrollar nuevos tratamientos basados en la relación entre las bacterias intestinales y la salud cardiovascular.
Referencia
Mastrangelo, A., Robles-Vera, I., Mañanes, D. et al. Imidazole propionate is a driver and therapeutic target in atherosclerosis. Nature (2025). https://doi.org/10.1038/s41586-025-09263-w