Gran parte de las recomendaciones nutricionales se centran sobre lo que comemos, pero cuándo comemos puede ser igual de importante. El ayuno intermitente ha suscitado un creciente interés como forma de favorecer el control del peso y la salud intestinal. Pero, ¿es realmente eficaz y seguro para todo el mundo?
Definición y tipos de ayuno intermitente
El ayuno intermitente consiste en abstenerse de comer, o reducir la ingesta de alimentos, de manera intencionada, durante determinados periodos de tiempo. Los enfoques más comunes incluyen:
- Alimentación con restricción horaria: comer únicamente dentro de una ventana diaria determinada, por ejemplo, de 8 horas.
- Ayuno en días alternos: alternar un día de ingesta con un día de ayuno.
- Ayuno modificado: reducir la ingesta calórica 1–2 días por semana, mientras que el resto de los días se come con normalidad.
- Ayuno religioso: por ejemplo, el Ramadán, que implica abstenerse de comer durante las horas diurnas.
Aunque estos métodos difieren entre sí, todos generan periodos repetidos sin ingesta de alimentos. Estos periodos de ayuno desencadenan respuestas naturales en el intestino, el metabolismo y el sistema hormonal que podrían beneficiar la salud.
¿Puede el ayuno intermitente beneficiar la salud intestinal?
El ayuno intermitente pone en marcha una cadena de cambios en el organismo que tienen lugar a lo largo del ciclo ayuno-alimentación, comenzando en el intestino y extendiéndose al metabolismo, las hormonas y el sistema inmunitario.
a. La fase de ayuno: ritmo intestinal, reparación y cambio metabólico
Cuando dejamos de comer, el reloj interno de nuestro organismo se reinicia. El intestino también activa un proceso natural de “limpieza” llamado complejo motor migratorio. Se trata de una serie de contracciones suaves que arrastran los restos de alimentos y bacterias desde el intestino delgado hasta el colon. Esto puede ayudar a prevenir el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, donde no debería producirse, un problema que se observa en personas con sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO)1.
El ayuno proporciona al intestino tiempo para repararse. Al pasar menos alimentos por el intestino, las células intestinales tienen tiempo para recuperarse, se reduce la inflamación y se refuerza el sistema inmunitario2. Estos efectos podrían contribuir al control del peso en personas que padecen enfermedad de Crohn (una forma de EII) cuando la enfermedad se presenta como comorbilidad. No obstante, el ayuno debe practicarse con precaución para evitar la malnutrición o la exacerbación de los síntomas3.
Tras 10–14 horas sin ingerir alimentos, el organismo pasa de utilizar azúcar (glucosa) a emplear grasa como fuente de energía. Como resultado, se generan cuerpos cetónicos, que constituyen la base de la dieta cetogénica. Estos cuerpos cetónicos aportan energía al organismo, envían señales que reducen la inflamación y protegen las células intestinales, y favorecen el metabolismo y la regulación energética4.
b. Nutrientes que llegan al colon: bacterias intestinales, fermentación y apetito
El ayuno intermitente suele aumentar la diversidad microbiana5 (es decir, la variedad de bacterias presentes), lo que se asocia con un mejor metabolismo y un menor porcentaje de grasa corporal6. También aumenta las bacterias beneficiosas, como Faecalibacterium prausnitzii y Akkermansia muciniphila, y reduce los patógenos7. Cuando los alimentos finalmente llegan al colon, los restos que escaparon a la digestión son fermentados por las bacterias intestinales y se transforman en ácidos grasos de cadena corta (AGCC), que resultan beneficiosos para el intestino. El microbioma intestinal también sigue un ritmo diario. La ingesta diurna favorece las bacterias productoras de AGCC, mientras que el ayuno nocturno apoya otras actividades bacterianas beneficiosas. Los AGCC refuerzan la barrera intestinal, reducen la inflamación y estimulan hormonas intestinales que envían señales de saciedad. Esto ayuda a controlar el apetito, reducir el picoteo y mejorar los niveles de glucosa en sangre4.
¿Existen riesgos?
La manera de romper el ayuno marca la diferencia. De hecho, las comidas muy copiosas o los alimentos ultraprocesados pueden sobrecargar la digestión, ralentizar el vaciamiento gástrico y reducir la absorción de minerales (hierro, zinc y calcio). Consumir repetidamente alimentos ricos en azúcares o pobres en fibra también puede debilitar la microbiota intestinal y reducir los efectos beneficiosos del ayuno intermitente. Tras ayunos prolongados, algunas personas algunas personas pueden comer en exceso, sobre todo con comidas muy apetecibles o copiosas, lo que puede reducir los beneficios del ayuno.
Esto es especialmente importante para las personas con síndrome del intestino irritable (SII) u otros trastornos digestivos8, que pueden sentirse hinchadas o incómodas tras comidas copiosas. La evidencia en la EII es heterogénea3: algunos estudios sugieren mejoras modestas en la inflamación, mientras que otros muestran escaso efecto o posibles riesgos. Las personas con trastornos de la conducta alimentaria presentan un riesgo especial de desarrollar conductas perjudiciales si practican el ayuno sin supervisión.
Conclusión
Los datos disponibles sugieren que la alimentación restringida a una ventana temprana del día genera los beneficios más consistentes9. Sin embargo, el ayuno intermitente no es una solución mágica y no debería sustituir a una alimentación ni a un estilo de vida equilibrados. Para preservar la salud a largo plazo, lo más efectivo es optar por un enfoque que pueda mantenerse en el tiempo e integrarse en un estilo de vida equilibrado. Los protocolos de ayuno prolongado solo deben realizarse bajo supervisión médica o dietética10, y el ayuno intermitente no es recomendable para todas las personas. Las personas con diabetes, trastornos de la conducta alimentaria o hipotensión, así como durante el embarazo o la lactancia, o quienes realizan entrenamientos de alta intensidad, deberían buscar orientación profesional o evitar el ayuno por completo.
Referencias:
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