Ilustración por Pamela Ferretti

Cuando vemos a una madre amamantar a su recién nacido, solemos pensar en el vínculo afectivo, la nutrición, una mayor protección inmunitaria e incluso en la comodidad y sencillez. Pero en realidad, esta escena cotidiana entre madre y bebé es mucho más que eso, ya que la leche materna contiene microbios beneficiosos que contribuyen a formar el microbioma intestinal del bebé durante las primeras etapas de la vida. Las investigaciones ya han demostrado que esta comunidad de microorganismos actúa como un escudo protector frente a afecciones crónicas como el asma, las alergias y la obesida.d.

Sin embargo, la fórmula biológica que explica los numerosos beneficios de la leche materna ha seguido siendo difícil de descifrar, al menos hasta ahora. Un equipo de la Universidad de Chicago ha publicado en Nature Communications, un nuevo estudio que describe con el mayor nivel de detalle hasta la fecha cómo las distintas combinaciones de bacterias presentes en la leche materna contribuyen al desarrollo de la microbiota intestinal del lactante.

«La leche materna es la única fuente de alimentación recomendada durante los primeros meses de vida del lactante. Sin embargo, las grandes dificultades que plantea el análisis del microbioma de la leche han dejado sin respuesta algunas preguntas esenciales», explica la primera autora, Pamela Ferretti, PhD, investigadora posdoctoral en el laboratorio Blekhman de la Universidad de Chicago.

Ferretti lleva tiempo interesada en estudiar la dinámica de transmisión microbiana entre individuos. En investigaciones anteriores, estudió, entre otras cosas, cómo distintas regiones del cuerpo materno — como la boca, la piel y la cavidad vaginal — contribuían al microbioma del lactante. Sin embargo, el papel de la leche materna no se había investigado.

«Sospechábamos que, a través de la lactancia materna, se transmitían microbios al lactante. Sin embargo, estudiar la leche resulta especialmente difícil, ya que contiene una gran cantidad de grasa y un bajo porcentaje de células microbianas. Técnicamente, extraer material genómico para identificar las cepas es muy complejo, y estas son esenciales para detectar la transmisión vertical», ha explicado Ferretti a GMFH.

 

La visión más detallada

En este nuevo estudio, los investigadores han realizado un seguimiento estrecho de 200 madres y sus lactantes durante los primeros meses posteriores al parto. Recogieron muestras de leche al mes y a los tres meses tras el parto, así como muestras de heces de los bebés cuando tenían 1 mes y posteriormente a los 6 meses.

Gracias a herramientas genéticas avanzadas (la metagenómica) han observado que la leche materna contiene una mezcla característica de especies bacterianas. El grupo predominante pertenecía al género Bifidobacterium, que incluye especies como B. longum, B. breve, y B. bifidum, nombres que pueden resultar familiares, ya que se encuentran entre las bacterias beneficiosas, más conocidas e incluso están presentes en leches fermentadas comerciales.

«Aunque la alta prevalencia de B. longum en el intestino de los lactantes está bien documentada, resultó sorprendente encontrar una presencia tan marcada de esta especie en las muestras de leche materna, ya que los estudios anteriores sobre la leche habían señalado principalmente otros taxones bacterianos, como Staphylococcus y Streptococcus», señaló Ferretti. «Creemos que estos resultados podrían llevar a replantear lo que se pensaba hasta ahora en este campo.»

Los investigadores también identificaron 12 casos en los que la misma cepa bacteriana estaba presente tanto en la leche materna como en las heces del lactante, lo que constituye una sólida evidencia de transmisión vertical a través de la lactancia. Algunas de estas cepas compartidas pertenecen a especies que se utilizan habitualmente como probióticos, como B. longum y B. bifidum, que ayudan a digerir los azúcares de la leche y contribuyen al desarrollo saludable del intestino.

Aunque todos los participantes en el estudio gozaban de buena salud, Ferretti y sus colegas se sorprendieron al encontrar también bacterias con potencial patógeno, como E. coli y K. pneumoniae.

«La transmisión es, en cierto modo, un conjunto que incluye tanto bacterias beneficiosas como otras menos beneficiosas», resume Ferretti. En otras palabras, estas especies potencialmente patógenas pueden vivir sin causar daño en personas sanas y solo provocar infecciones en determinadas condiciones.

Los investigadores también detectaron microbios orales, como Streptococcus salivarius, procedentes del bebé, lo que sugiere que bacterias presentes en la boca del lactante pueden entrar en la leche materna durante la succión.

En un futuro próximo, Ferretti señala que su equipo pretende ampliar la investigación, estudiando no solo situaciones saludables, sino también contextos inflamatorios como la mastitis subclínica. Antes de que esta afección dolorosa sea diagnosticada y tratada con antibióticos, las madres pueden transmitir a sus bebés señales proinflamatorias a través de la lactancia.

Ferretti también quiere investigar qué ocurre durante la infancia para evaluar si los factores relacionados con el lactancia materna y las primeras etapas de la vida pueden anticipar la salud en etapas posteriores.

 

Referencia:

Ferretti, P., Allert, M., Johnson, K.E. et al. Assembly of the infant gut microbiome and resistome are linked to bacterial strains in mother’s milk. Nat Commun 16, 11536 (2025). https://www.nature.com/articles/s41467-025-66497-y