Hasta el 84 % de personas que padecen SII manifiestan que el consumo de alimentos con carbohidratos, fritos y grasas, así como los ricos en histaminas, desencadenan síntomas digestivos. Los alimentos que contienen gluten, una proteína hallada en el trigo, en la cebada y el centeno, también se consideran una causa común del empeoramiento de la distensión, la diarrea y el dolor abdominal. Por ello, muchos de los pacientes con SII evitan el gluten o el trigo, que contiene gluten, «por si acaso», con frecuencia sin un diagnóstico médico formal.
Un nuevo estudio llevado a cabo por personal investigador de la Universidad McMaster ha revelado que el gluten y el trigo son seguros para muchas personas que padecen SII, a pesar de la intolerancia autopercibida a dichos componentes alimentarios.
Con el fin de descubrir si el gluten era el causante de los síntomas del SII, el equipo investigador suministró barritas de cereales con gluten (pero sin otros componentes del trigo), trigo integral o ninguno de estos ingredientes (provocación simulada) a participantes adultos diagnosticados de SII que, previamente, habían advertido mejoras con una dieta sin gluten. Se avisó a los participantes de que las barritas podrían empeorar los síntomas, pero no se les dijo qué ingredientes específicos llevaban. Al final del estudio, todos los participantes habían comido las tres variedades de barritas.
Después de haber comido uno de los tres tipos de barritas durante siete días, el número de personas que experimentó un empeoramiento de los síntomas del SII fue similar en los tres grupos: ocho de los participantes manifestó un empeoramiento de los síntomas tras la ingesta de barritas sin gluten ni trigo, diez de ellos tras comer barritas solo con gluten y once después de consumir las de trigo. Estos hallazgos sugieren que las expectativas y las creencias de cada persona con respecto al gluten y al trigo, más que el propio gluten y trigo, pueden ser la causa de los síntomas de mucha gente.
Para comprender mejor los descubrimientos, le hemos pedido al Dr. Premysl Bercik, autor sénior del estudio y profesor del Departamento de Medicina de la Universidad McMaster, que nos hable de las conclusiones del estudio.
Con respecto a qué otros aspectos, además del gluten y el trigo, podrían explicar por qué hay personas que se sienten mejor después de dejar el gluten, Bercik comenta: «Hay varias explicaciones posibles. Primero, una dieta sin gluten, por lo general, es baja en fibra, por lo que puede reducirse la fermentación bacteriana, con una menor producción de gases en el colon. El trigo, además del gluten, que es uno de los principales antígenos en la enfermedad celíaca, también contiene otras proteínas antigénicas que pueden estimular las respuestas inmunitarias innatas en el intestino. Y, por último, las creencias sobre los efectos perjudiciales del trigo y el gluten pueden desempeñar un papel significativo en muchos pacientes. La implementación de una dieta específica, que elimina un alimento percibido como desencadenante de síntomas, al menos constituye una cierta forma de control sobre la enfermedad».
El papel central de las creencias personales en la aparición de los síntomas se respaldó con el hecho de que, cuando a los participantes, al final del estudio, se les dijo qué barritas produjeron síntomas digestivos, la mayoría no cambió sus creencias ni sus dietas.
A pesar de que los hallazgos sugieren que el gluten y el trigo no son las causas más relevantes de los síntomas en numerosos casos, los síntomas esperados por las personas son, probablemente, los responsables para muchos pacientes con SII. Se trata del fenómeno psicológico conocido como efecto nocebo, en el cual una persona desarrolla efectos secundarios o síntomas que pueden producirse con un tratamiento (incluidos alimentos y dietas integrales), simplemente porque la expectativa de padecer los síntomas provoca síntomas reales.
Bercik explica: «No esperábamos los hallazgos que obtuvimos, pero la ciencia funciona así. Éramos conscientes del efecto nocebo en pacientes con SII, ya que puede afectar a cuatro de cada diez pacientes, pero nos sorprendió enormemente la fuerza del efecto en nuestro estudio. Tras las provocaciones con las barritas de cereales, los pacientes atribuyeron un empeoramiento de los síntomas al consumo de gluten o trigo, aunque podrían haber recibido una provocación simulada. Un hallazgo aún más sorprendente fue que, cuando compartimos con los participantes los resultados y les explicamos que solo unos pocos reaccionaron ante el trigo o el gluten, no cambiaron sus creencias sobre el efecto perjudicial del gluten y el trigo, y siguieron llevando una dieta sin gluten. Todo ello sugiere que estas personas se beneficiarían de un apoyo continuado por parte de nutricionistas y psicólogos.
Hemos evaluado el compromiso de los pacientes de seguir el estudio (adhesión) de varias formas. Primero, nuestro personal nutricionista verificó la adhesión a una dieta sin gluten con un cuestionario validado. También preguntamos a los pacientes si habían comido las barritas de todas las provocaciones. Y, en ambas pruebas, los pacientes se mostraron colaboradores», comenta Bercik.
Tras consumir cada barrita, los participantes proporcionaban muestras de heces para cuantificar la ingesta de gluten antes y después de cada provocación. Cabe destacar que, aunque la mayoría de pacientes con SII que participaron en el estudio manifestaron haber comido las barritas de todas las provocaciones, las pruebas de laboratorio mostraron que muchos de ellos no lo habían hecho y que solo cerca de un tercio sí siguió la dieta indicada por el personal nutricionista. «Vimos que muchos pacientes habían consumido gluten cuando, supuestamente, no lo hacían, y al contrario: no pudimos detectar ningún residuo de gluten en algunos pacientes después de la provocación con ingesta de gluten o trigo. Puede deberse al hecho de que los pacientes temían padecer más síntomas, por lo que se saltaron las barritas de algunas provocaciones», explica Bercik.
En una evaluación reciente de más de 58 estudios, se indagó si el gluten es la causa del problema. A pesar de que uno de cada diez adultos manifestaba ser intolerante al gluten o al trigo, las verdaderas reacciones propias del gluten fueron raras y, por lo general, suaves. Los carbohidratos fermentables (conocidos como FODMAP, en particular los fructanos que se encuentran en el trigo, la cebolla y el ajo) y los efectos esperados son la explicación de la mayoría de casos.
La conclusión es que los síntomas intestinales o de otra naturaleza que se producen después de la ingesta de alimentos con gluten en personas sin enfermedad celíaca o alergia al trigo son reales, pero no son causados por el gluten. Estas personas podrían ser intolerantes a los fructanos o a otras proteínas del trigo. Otro razonamiento podría ser que los síntomas se expliquen mediante una alteración en el modo de comunicarse el intestino con el cerebro. En vez de seguir una dieta que restrinja el gluten de por vida, el personal autor del estudio sugiere que el enfoque más eficaz puede ser el descarte de la enfermedad celíaca, la mejora de la calidad de la dieta y las pruebas de reintroducción del gluten a corto plazo supervisadas por profesionales de la nutrición.
Referencias:
Larissa Seiler C, Horacio Rueda G, Miguel Miranda P, et al. Effect of gluten and wheat on symptoms and behaviours in adults with irritable bowel syndrome: a single-centre, randomised, double-blind, sham-controlled crossover trial. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2025; 10(9):794-805. doi: 10.1016/S2468-1253(25)00090-1.
Biesiekierski JR, Jonkers D, Ciacci C, et al. Non-coeliac gluten sensitivity. Lancet. 2025. doi: 10.1016/S0140-6736(25)01533-8. Online first.