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Los alimentos son un aspecto esencial en la vida de los pacientes con síndrome de intestino irritable

Las personas que viven con síndrome de intestino irritable suelen percibir los alimentos como un desencadenante de sus síntomas digestivos. Muchas optan por la intervención nutricional como su primera línea de tratamiento1,2. Este enfoque ha generado un mayor interés en el uso de las dietas para reducir los síntomas del paciente. Comprender el papel que la dieta desempeña en el síndrome de intestino irritable es un proceso que se encuentra en sus fases iniciales, pero las investigaciones realizadas están empezando a arrojar luz sobre la conexión existente entre los alimentos, el microbioma intestinal y el síndrome de intestino irritable.

El 84 % de los pacientes con síndrome de intestino irritable encuestados afirmaron que ingerir cualquier alimento deriva en molestias gastrointestinales. Los alimentos que con más frecuencia provocan síntomas del síndrome de intestino irritable entre los pacientes son los carbohidratos, especialmente los ricos en FODMAP (productos lácteos, salvado, lentejas, manzana, harina y ciruela), seguidos por los alimentos ricos en histamina (vino, cerveza, salami y queso), los alimentos grasos y la cafeína3,4.

Los pacientes con síndrome de intestino irritable limitan la cantidad de calorías ingeridas para reducir sus síntomas5. En el caso de los pacientes que presentan síntomas más graves, cuantos más alimentos se evitan, peor es la calidad de vida y la densidad de nutrientes de la dieta6. Las afecciones médicas que requieren o recomiendan terapia dietética parecen estar asociadas con un mayor riesgo de desórdenes alimenticios, como se observa en la diabetes7, la celiaquía8 y el síndrome de intestino irritable9.

Es importante también tener en cuenta que ciertas afecciones presentan un cuadro similar al del síndrome de intestino irritable y se deben descartar en el proceso de diagnóstico: crecimiento excesivo de las bacterias en el intestino delgado, diarrea por ácidos biliares, déficit congénito en la isomaltasa sacarosa, alergia sistémica al níquel y carga de heces altas relacionada con la disfunción del suelo pélvico10. Este diagnóstico diferencial tendrá repercusión en el control dietético del síndrome de intestino irritable. Por ejemplo, los pacientes con deficiencia de sacarosa-isomaltasa podrían no responder a una dieta baja en FODMAP 11.

 

El mismo enfoque no sirve para todos los pacientes: revise la lista antes de recomendar terapia dietética

Antes de recomendar terapia dietética a una persona con síndrome de intestino irritable, el profesional gastrointestinal debería:

  • Revisar si existe un desorden alimenticio o una alimentación desordenada
  • Asegurarse de que el paciente desea cambiar su nutrición
  • Confirmar que la ingesta de alimentos desencadena síntomas gastrointestinales (de lo contrario, un cambio de dieta probablemente no sirva de ayuda)
  • Asegurarse de que el paciente tiene el estilo de vida y los medios financieros necesarios para seguir una dieta restrictiva

 

¿Qué dieta elegir para el síndrome de intestino irritable?

Entre los enfoques dietéticos que, en fase inicial, están demostrando ser positivos para el síndrome de intestino irritable se incluyen los siguientes:

  • Hábitos alimenticios saludables o consejo dietético tradicional para el síndrome de intestino irritable: se suele recomendar como la opción de primera línea para los pacientes con síndrome de intestino irritable. Entre las recomendaciones se incluyen consejos dietéticos individualizados basados en el perfil de síntomas del paciente y su dieta habitual, comer comidas más pequeñas y más frecuentes, un consumo de líquidos adecuado, uso moderado de alcohol, café y bebidas gaseosas, un máximo de tres frutas al día, limitar los cereales integrales, restringir los alimentos con sorbitol si provocan diarrea, añadir semillas de lino si sufre de estreñimiento, y añadir avena y semillas de lino si se sienten hinchazón y flatulencias1,12.
  • Dieta baja en FODMAP: se trata de una dieta de eliminación en tres fases que conlleva reducir los FODMAP, un grupo de carbohidratos que suelen absorberse de forma deficiente. Los FODMAP llevan agua al intestino delgado y son fermentados por la microbiota del intestino colónico, creando gas. Una dieta baja en FODMAP está compuesta por tres fases. La primera es la fase de eliminación, en la que se eliminan todos los alimentos con FODMAP. La siguiente es la fase de reintroducción, en la que los alimentos con FODMAP se vuelven a incorporar de manera sistemática en la dieta para identificar alimentos desencadenantes. La última es la fase de personalización, en la que se vuelven a introducir en la dieta los alimentos que contienen FODMAP tolerados para crear una dieta más personalizada y liberada. Esta dieta se debe seguir bajo la supervisión de un dietista experto en afecciones gastrointestinales, ya que no son intuitivas de seguir y el objetivo es asegurarse de que las tres fases se completan y que la dieta es equilibrada y nutritiva13-16.
  • Enfoque flexible de la dieta baja en FODMAP o moderada en FODMAP: está basada en una restricción más libre de los FODMAP basada en los síntomas del paciente y en su ingesta dietética. Los alimentos con más contenido en FODMAP que suelen restringirse son los cereales, los productos lácteos, las legumbres, algunas verduras (principalmente la cebolla y el ajo) y las frutas17.
  • Patrón de dieta mediterránea: una dieta con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y aceite de oliva virgen extra, algunos productos lácteos (queso y yogur), moderada en pescado y con algo de carne tiene cambios positivos en la microbiota intestinal y en la salud mental18-20.

Cada dieta presenta sus pros y contras, que se tratan de forma detallada en la infografía incluida al final de la publicación.

 

Enfoques dietéticos con evidencias insuficientes

No hay evidencia suficiente que respalde el papel de otras dietas restrictivas, como la dieta sin gluten y las dietas bajas en carbohidratos totales que excluyen los disacáridos y la mayoría de los polisacáridos (p. ej., la dieta de carbohidratos específicos) para controlar los síntomas del SII. Estas dietas limitan la variedad dietética, con un posible efecto negativo en la composición y funciones del microbioma intestinal.

El dietista gastrointestinal desempeña un papel esencial para personalizar la dieta según el historial de enfermedades, los síntomas gastrointestinales, las preferencias dietéticas y las necesidades tanto sociales como culturales del paciente.

  • Además del gluten, otros componentes del trigo podrían desempeñar un papel destacado en el dolor abdominal, la hinchazón y la diarrea como las proteínas (incluidos los inhibidores de la amilasa tripsina, la aglutinina del germen de trigo, el salvado de trigo y la proteína del trigo) y los carbohidratos (fructanos)21-23.
  • Aunque las dietas bajas en histamina no se han estudiado correctamente en los pacientes con síndrome de intestino irritable, una dieta baja en histamina (compuesta por alimentos frescos y mínimamente procesados y reducida en alimentos con una cantidad de histamina alta) podría ayudar a los pacientes con síndrome de intestino irritable que identifican los alimentos que contienen histamina como un desencadenante de sus síntomas3,11.
  • La mala absorción de la sacarosa y los almidones podría provocar diarrea, gases e hinchazón en los pacientes adultos que tengan una deficiencia de sacarosa-isomaltasa, que puede ser congénita o derivada de una lesión en la mucosa o inflamación del intestino delgado. Una dieta baja en alimentos con gran cantidad de sacarosa o con complemento de sacarosidasa, una enzima suplementaria que ayuda a digerir la sacarosa, debería probarse en los pacientes con diarrea por síndrome de intestino irritable o patrón mixto de síndrome de intestino irritable que no responden a una dieta baja en FODMAP11,24.
  • Los químicos bioactivos, como los salicilatos, la atropina y la hiosciamina presentes en tomates, pimientos, berenjenas y patatas blancas (la familia de plantas solanáceas) presentan datos que sugieren que podrían tener participación en los síntomas del síndrome de intestino irritable25,26.

 

Conclusiones

  • La dieta es un elemento fundamental para los pacientes con síndrome de intestino irritable. La ayuda que puede prestar un dietista gastrointestinal especializado resulta esencial para ofrecer un enfoque personalizado basado en el historial de enfermedades y las preferencias dietéticas y de estilo de vida de cada paciente.
  • Lo ideal es que las intervenciones nutricionales relacionadas con el síndrome de intestino irritable permitan una dieta lo más libre y nutritiva posible, al tiempo que ofrece un buen control de los síntomas.
  • Entre las dietas habituales con más base científica para el síndrome de intestino irritable se incluyen los consejos dietéticos tradicionales, una dieta baja en FODMAP y una dieta mediterránea modificada.
  • Las dietas sin evidencias científicas para el síndrome de intestino irritable son las dietas sin gluten y las dietas con pocos carbohidratos.

 

 

Referencias:

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