La sal está presente en cada producto alimenticio que consumimos (pan, jamón, queso y la mayoría de los alimentos procesados). Esto explica que tengamos tendencia a superar la dosis diaria de 5 gramos de sal recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y eso, a pesar de que se ha demostrado que el consumo excesivo de sal y las enfermedades cardiovasculares están estrechamente relacionados. Los científicos podrían haber descubierto la razón, y esta tiene que ver con la microbiota intestinal.

Un nuevo estudio publicado en Nature sugiere que una alimentación rica en sal podría alterar la microbiota intestinal. Y, a su vez, estos cambios favorecerían la aparición de hipertensión arterial y enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, tanto en roedores como en humanos.

De confirmarse estos resultados, la microbiota intestinal podría convertirse en un instrumento para el tratamiento de las enfermedades provocadas por el consumo excesivo de sal.

El objetivo del estudio, realizado por un equipo de investigadores del Centro de Investigación Experimental y Clínica de Berlín (ECRC, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Salud de Berlín (BIH, por sus siglas en inglés), era dar con los mecanismos concretos por los que la sal se convierte en un importante factor de riesgo en las enfermedades cardiovasculares. Por primera vez, la investigación se centró en la microbiota intestinal.

Los científicos sometieron a roedores de laboratorio a un régimen con una tasa elevada de cloruro de sodio, o sal común, (el 4% en lugar del 0,5 % de una dieta normal) y comprobaron que el exceso de sal diezmaba la población de Lactobacillus, un género específico de bacterias beneficiosas. Esta merma afectaba también al número de ciertas células inmunitarias implicadas en las enfermedades autoinmunes y la hipertensión.

A continuación, les administraron un probiótico, Lactobacillus murinus, y constataron que se anulaba el efecto anterior y que los ratones se recuperaban con rapidez. El intestino humano no contiene L. murinus, pero los científicos barajan la hipótesis de que otra cepa de Lactobacillus pueda desempeñar la misma función. Estudios anteriores ya habían demostrado que los lactobacilos, que se encuentran en alimentos como los yogures y ciertos tipos de quesos, podrían contribuir a normalizar la presión arterial de los pacientes con hipertensión.

Los científicos también llevaron a cabo una experiencia «piloto» con humanos y obtuvieron resultados similares. Para ello, administraron, durante una quincena, 6 gramos de sal adicionales al día a 12 individuos sanos, sin cambiar su alimentación habitual, duplicando así su ingesta diaria de sal. Al cabo de las dos semanas, los investigadores observaron que la mayoría de los lactobacilos, especialmente L. murinus, habían desaparecido.

Sin embargo, a pesar de haber establecido un vínculo entre sal y microbiota intestinal, no consiguieron dilucidar del todo el mecanismo concreto por el que la sal elimina los lactilobacilos.

¿Cabe entonces pensar que algún día se podrán tratar las enfermedades vinculadas al consumo excesivo de sal con ayuda de probióticos concretos? Es cierto que las conclusiones son esperanzadoras, pero aún queda mucho camino por recorrer. Será necesario confirmar estos resultados antes de ofrecer nuevos consejos nutricionales. Esto es precisamente lo que se ha propuesto el equipo de investigadores, que prevé llevar a cabo un estudio controlado con placebo sobre la hipertensión con un gran número de participantes de ambos sexos. Proyecta asimismo estudiar la asociación entre el consumo de sal y la microbiota intestinal en el marco de una enfermedad auto-inmune que atañe a la piel: la psoriasis, y por supuesto, la exploración de las aplicaciones terapéuticas de los probióticos para tratar diversas enfermedades.

Si bien ya conocíamos los daños causados a la salud por una alimentación con alto contenido en sal, este nuevo estudio añade una nueva razón a la lista para limitar el consumo de cloruro de sodio. En definitiva, reducir la sal en nuestra alimentación implica cuidar nuestra salud, pero también la de nuestra microbiota intestinal.

 

Referencia de la revista:

Wilck N, Matus MG, Kearney SM et alSalt-responsive gut commensal modulates TH17 axis and diseaseNature, 2017. DOI : 10.1038/nature24628.

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina