¿Qué sucede exactamente entre la ingesta de probióticos y sus efectos beneficiosos sobre la salud?

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Tanto el input (la ingesta) como el output (los efectos benéficos) son cuestiones que fascinan a la ciencia especializada en probióticos. Teniendo en cuenta que los probióticos son, por definición, «microorganismos vivos que, cuando se administran en la cantidad adecuada, confieren beneficios de salud al huésped», conocer sus efectos resulta crucial. ¿Pero cuál es el beneficio potencial, o output, para la salud de la persona que ingiere un probiótico?

Lo que saben los científicos hoy en día es que los probióticos están vinculados a un gran número de beneficios en individuos sanos. Análisis de ensayos aleatorios y controlados muestran que los probióticos contribuyen a prevenir infecciones del tracto repiratorio superior , infecciones del tracto urinario, alergias, y el riesgo cardiovascular en adultos. ¿Pero qué sucede realmente entre el input y el output?

Una hipótesis generalizada es que los probióticos actúan influyendo en la comunidad microbiana intestinal, lo cual provoca un incremento de la diversidad bacteriana del ecosistema y excreciones medibles en las heces.

Sin embargo, esta teoría parece no ser cierta, según una revisión sistemática de literatura científica por parte de Kristensen y varios colegas, recientemente publicada en Genome Medicine. Los autores de esta revisión han analizado siete estudios y no han encontrado pruebas de que los probióticos tengan la capacidad de cambiar la composición de la microbiota fecal. En efecto, aunque los individuos de los diferentes estudios habían ingerido especias bacterianas vivas, las bacterias no habían permanecido in situ para aumentar la diversidad de la microbiota intestinal fecal.

«¿Alteran los probióticos la composición fecal de los adultos sanos? La respuesta a esta pregunta parece ser negativa», explica la doctora Mary Ellen Sanders, Directora científica de la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP), en un correo electrónico enviado a los editores de GMFH. Y añade: «no creo que estos resultados hayan sorprendido a nadie».

El Doctor Dan Merenstein, Director de la sección de investigación y profesor adjunto de medicina familiar del Centro médico de la Universidad de Georgetown en Washington DC (Estados-Unidos), es de la misma opinión. «Cuando se comenzó a estudiar los probióticos, algunos investigadores esperaban observar una colonización permanente. Ahora sabemos que eso es improbable», aclara el científico. «Este estudio muestra que los probióticos investigados hasta la fecha no causan cambios globales en la estructura de la comunidad bacteriana en sujetos sanos. Pero sí se han demostrado efectos clínicos reales de los probióticos y probablemente algunos de ellos se produzcan mediante los cambios en el microbioma».

Por tanto, lo que está en cuestión no es lo que los probióticos aportan a las personas sanas, sino cómo actúan estos exactamente: es decir cuáles son los llamados «mecanismos». Sanders, quien en su  reseña sobre la revisión de Kristensen publicada en BMC Medicine describe ciertos mecanismos alternativos, recalca asimismo un error de lógica en las noticias publicadas a escala mundial que cubrieron el artículo: dar por sentado que el fracaso de los probióticos a la hora de cambiar la composición de la microbiota significaba necesariamente que no afectaban a la salud. Sanders argumenta que los probióticos podrían actuar de distintas maneras.

«Los probióticos podrían actuar, por ejemplo, alterando la función de los microbios residentes, no su composición. Podrían interactuar con las células inmunitarias del huésped», explica la científica. «También podrían inhibir los agentes patógenos oportunistas que no sean miembros dominantes de la microbiota. O podrían favorecer la estabilidad de la microbiota… Por lo tanto, el hecho de que no alteren la composición de la microbiota fecal no implica que no existan medios por los cuales puedan influir en la salud del huésped».

Merenstein, por su parte, recuerda que el próximo paso será averiguar cómo se producen los outputs después de haber consumido probióticos. «Evaluaciones más ajustadas del microbioma, con medidas metabolómicas y el seguimiento de microbios meta específicos arrojarán más luz sobre esta cuestión», concluye.

Referencias:

Kristensen NB, Bryrup T, Allin KH, Nielsen T, Hansen TH, Pedersen O. Alterations in fecal microbiota composition by probiotic supplementation in healthy adults: a systematic review of randomized controlled trials. Genome Medicine 2016; 8:52. doi: 10.1186/s13073-016-0300-5

Kristina Campbell
Kristina Campbell
La escritora científica Kristina Campbell (M.Sc), residente en la Columbia Británica, en Canadá, es especializada en comunicación sobre microbiota intestinal, salud digestiva y nutrición. Autora del existoso libro Well-Fed Microbiome Cookbook, ha publicado sus artículos como freelance en revistas del mundo entero. Kristina se unió al equipo de edición de Gut Microbiota for Health en 2014. Pueden seguir a Kristina en: GoogleTwitter