Aunque algunas personas afortunadas van al baño todos los días, e incluso a la misma hora (¡auténticos relojes humanos!), la gran mayoría experimentará algún episodio de estreñimiento en algún momento de su vida, ya sea durante un viaje, en periodos de estrés o tras algún cambio en la alimentación. El más mínimo cambio puede alterar este ritmo durante varios días, provocando molestias e hinchazón abdominal.

¿Un intestino sensible? Quizá, pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nagoya (Japón) ha identificado dos posibles responsables que también podrían estar detrás del estreñimiento: Akkermansia muciniphila y Bacteroides thetaiotaomicron, dos especies bacterianas comunes presentes en nuestro intestino.

Según los resultados de un estudio publicado en la revista Gut Microbes, estos dos microorganismos actúan conjuntamente para reducir la capa de moco que recubre el intestino: degradan la mucina, un revestimiento viscoso presente en el colon que facilita el tránsito de las heces. Con menos mucina, el intestino se vuelve más seco y las heces también se vuelven más secas y duras, por lo que resultan más difíciles de evacuar.

Este mecanismo recientemente descubierto podría explicar por qué los tratamientos convencionales para el estreñimiento suelen proporcionar solo un alivio temporal, al no abordar la causa subyacente. Además, este hallazgo abre la puerta al uso de estas especies bacterianas como biomarcadores para identificar el tipo de estreñimiento que presenta cada persona y adaptar el tratamiento de forma personalizada.  Asimismo, arroja nueva luz sobre cómo aliviar los síntomas asociados a determinadas afecciones neurológicas, como la enfermedad de Parkinson, el autismo o incluso la enfermedad de Alzheimer.

 

Un problema frecuente

Se estima que hasta el 10 % de la población mundial sufre estreñimiento crónico, principalmente mujeres y personas mayores. La causa sigue siendo un misterio. En algunas enfermedades, como la enfermedad de Parkinson, los pacientes comienzan a experimentar problemas intestinales incluso décadas antes de desarrollar temblores y dificultades de movilidad. En estos casos, tradicionalmente se pensaba que estos problemas de salud se debían a la degeneración nerviosa. Sin embargo, científicos japoneses han descubierto que la actividad bacteriana desempeña un papel fundamental: las personas con enfermedad de Parkinson presentan niveles más elevados de estas bacterias que se alimentan del moco.

En un experimento con ratones, los investigadores japoneses confirmaron que ambas bacterias son necesarias para degradar la mucina. B. thetaiotaomicron elimina los grupos sulfato protectores de la mucina y, a continuación, A. muciniphila degrada y consume la mucina expuesta. A continuación, modificaron uno de los microorganismos, B. thetaiotaomicron, para que perdiera la capacidad de degradar la mucina y lo trasplantaron junto con Akkermansia a los roedores. Al hacerlo, la capa viscosa que recubre el colon de los animales permaneció intacta y estos no mostraron ningún signo de estreñimiento.

Aunque se desconoce cuántas personas pueden albergar estas especies en su microbiota intestinal, los resultados abren la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos eficaces para el estreñimiento crónico, especialmente para quienes no encuentran alivio con los enfoques convencionales disponibles en la actualidad.

 

 

Referencia:

Hamaguchi, T., Gibo, N., Ohara, M., et al. Bacterial constipation: Mucin-degrading intestinal commensal bacteria cause constipationGut Microbes18(1). https://doi.org/10.1080/19490976.2025.2596809