La comunicación bidireccional entre los riñones y la microbiota intestinal
El conocimiento científico actual sugiere que la disfunción renal puede desencadenar una serie de cambios que afectan directamente al equilibrio de la microbiota intestinal. Los investigadores han observado que, a medida que la salud renal se deteriora, suele producirse un aumento de determinadas familias bacterianas, como las Clostridiaceae, las Enterobacteriaceae y las Verrucomicrobiaceae, especializadas en la descomposición de proteínas.
En un organismo sano, los riñones eliminan fácilmente estos productos de desecho, así como el exceso de medicamentos y otras sustancias que el cuerpo no necesita, lo que contribuye a prevenir la acumulación de sustancias perjudiciales en la corriente sanguínea. Sin embargo, cuando la función renal se ralentiza, sustancias como la urea y otras toxinas urémicas empiezan a acumularse en la sangre y en el intestino.
Las enzimas bacterianas intestinales llamadas ureasas descomponen la urea en amoníaco, lo que eleva el pH intestinal y puede dañar la mucosa intestinal. Este aumento de la permeabilidad intestinal, a menudo denominado «intestino permeable», puede facilitar que fragmentos bacterianos pasen al torrente sanguíneo, contribuyendo a la inflamación crónica que se observa con frecuencia en pacientes con función renal deteriorada.
El intestino también envía señales perjudiciales a los riñones. Por ejemplo, determinadas bacterias transforman nutrientes como la colina, presente en los huevos, la carne roja y las aves, en un precursor que el hígado convierte posteriormente en TMAO (óxido de trimetilamina).
Los niveles elevados de TMAO están estrechamente asociados con las enfermedades cardiovasculares. Aunque los riñones se encargan de eliminar el TMAO, estudios a gran escala realizados en humanos han demostrado una fuerte relación entre niveles elevados de TMAO y un deterioro más rápido de la función renal. Aunque la investigación en modelos animales ha mostrado que bloquear este proceso puede reducir la cicatrización del tejido renal, los científicos siguen investigando cómo estos mecanismos pueden traducirse en tratamientos eficaces en humanos.
En conjunto, estos hallazgos revelan un ciclo en el que la disfunción renal y un desequilibrio intestinal se refuerzan mutuamente, lo que hace esencial un enfoque integrado de ambos órganos para preservar la salud a largo plazo.
Cómo la calidad de la dieta influye en la microbiota intestinal para mejorar la salud renal
Durante décadas, las recomendaciones dietéticas para la salud renal se han basado en la restricción, con un meticuloso recuento de miligramos de potasio y gramos de proteínas, y con una interminable lista de alimentos que limitar o eliminar. Sin embargo, los científicos se están orientando ahora hacia un enfoque centrado en la calidad de la dieta, que fomenta una alimentación más flexible y variada, rica en alimentos de origen vegetal y mínimamente procesados.
Este enfoque reconoce que no solo importa la cantidad de nutrientes, sino también los alimentos de los que proceden y cómo estos interactúan con los microorganismos que habitan en nuestro intestino. Al priorizar la calidad de la dieta, podemos apoyar la salud renal y, al mismo tiempo, favorecer un entorno intestinal saludable:
- Eliminar los alimentos ultraprocesados: sus aditivos industriales y sus elevados niveles de sal oculta pueden alterar la microbiota intestinal. Este desequilibrio desencadena la liberación de hormonas que aumentan la presión arterial y sobrecargan los riñones. Además, una alta exposición a estos alimentos se asocia con inflamación crónica y con un mayor riesgo de trastornos cardiovasculares y metabólicos, lo que supone una preocupación importante en personas con función renal alterada.
- La fibra como herramienta principal: El consumo de fibra fermentable favorece las bacterias beneficiosas, que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos ácidos proporcionan energía a las células del intestino y contribuyen a fortalecer la barrera intestinal, lo que podría prevenir la entrada de toxinas en el torrente sanguíneo. Una dieta basada en alimentos de origen vegetal y baja en proteínas podría ayudar a contrarrestar el aumento de bacterias intestinales productoras de toxinas urémicas en pacientes con enfermedad renal crónica pero no sometidos a diálisis.
- El papel de las proteínas de origen vegetal Las dietas basadas principalmente en alimentos de origen vegetal mínimamente procesados se asocian con una menor producción de toxinas urémicas en comparación con las dietas ricas en carne roja Además, la fibra presente en estos alimentos puede ayudar a acelerar el tránsito intestinal, limitando así el tiempo que tienen las bacterias para producir compuestos tóxicos.
- El potencial de la medicina tradicional china: los compuestos herbales tradicionales podrían proteger los riñones al modular la microbiota intestinal. Aunque estas sustancias han mostrado resultados prometedores en modelos experimentales al reducir las bacterias productoras de toxinas y fortalecer la barrera intestinal, se necesitan estudios rigurosos en humanos para comprender los mecanismos moleculares y garantizar su seguridad y eficacia.
- Un enfoque prudente sobre los suplementos: Aunque muchos compuestos todavía se están evaluando en laboratorio, algunos ya han llegado a formar parte de las recomendaciones clínicas. Por ejemplo, las guías KDOQI de 2020 sugieren el uso de suplementos de omega-3 para mejorar el perfil lipídico. Estas grasas beneficiosas se encuentran de forma natural en el pescado y el marisco, y algunos ensayos en adultos con diabetes sugieren que incluso podrían ayudar a reducir la inflamación y el daño renal.
Es importante recordar que natural no siempre significa seguro, dado que algunos suplementos herbales y dietéticos pueden suponer incluso un mayor riesgo de daño orgánico grave respecto a los medicamentos autorizados. Se necesitan con urgencia ensayos rigurosos en humanos y una supervisión regulatoria adecuada para confirmar qué productos son realmente eficaces sin resultar tóxicos para el hígado o los riñones.
Además, este nuevo paradigma nutricional sigue en proceso de desarrollo. Aunque la relación entre una alimentación rica en frutas y verduras y mejores resultados renales es sólida, no existe una única dieta que se adapte a todos los pacientes, por lo que es necesario un enfoque personalizado y un seguimiento estrecho por parte del equipo sanitario para cerrar la brecha entre la ciencia emergente y las necesidades individuales de cada paciente.
El futuro de la mejora de la salud renal mediante el intestino
Aunque los científicos pueden identificar vínculos sólidos entre el microbioma y la salud renal, aún resulta difícil determinar si las alteraciones intestinales son una causa de la enfermedad renal o una consecuencia de esta.
Para superar estas lagunas, la comunidad científica apuesta cada vez más por estudios a largo plazo y más rigurosos en humanos y que tengan en cuenta las diferencias individuales. Hasta que estos principios de alto nivel se traduzcan en guías clínicas estandarizadas, el enfoque más prudente para favorecer el eje intestino-riñón sigue siendo priorizar el equilibrio, la variedad y el consumo de alimentos integrales y mínimamente procesados.
Conclusiones:
Para traducir conceptos científicos complejos en recomendaciones prácticas, los dietistas han desarrollado un enfoque general para abordar las alteraciones del eje intestino-riñón. Uno de ellos es el marco de las 5R (por sus siglas en inglés), que ofrece una base útil para apoyar la salud intestinal y renal. No obstante, es fundamental trabajar con un especialista en nefrología o un dietista renal para adaptar de forma segura estos principios a las necesidades específicas de cada persona:
- Eliminar: irritantes del intestino, como los alimentos ultraprocesados, los fármacos innecesarios y las bacterias perjudiciales que generan toxinas.
- Reponer: herramientas digestivas esenciales, como la fibra dietética y las enzimas, para ayudar al organismo a absorber adecuadamente los nutrientes.
- Reinocular: adoptar una dieta variada y rica en alimentos de origen vegetal para reintroducir de forma natural bacterias beneficiosas en el ecosistema intestinal.
- Reparar: consumir proteínas de alta calidad y fibras fermentables para proporcionar la energía necesaria para reparar y reforzar la barrera intestinal.
- Reducir: niveles altos de estrés pueden perjudicar la motilidad intestinal y alterar el equilibrio de la microbiota.
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