Cada una de las superficies de nuestro organismo, desde los pulmones hasta la vejiga, tiene una composición única de microorganismos. La inmensa diversidad microbiana se encuentra, fundamentalmente, en el tracto digestivo, crucial en una buena salud intestinal, pero también en dolencias cuya relación con el intestino puede no ser tan obvia, como son las enfermedades cardiovasculares, los problemas de piel o los trastornos neurológicos, por nombrar algunos. Los datos conocidos hasta el momento sobre el vínculo que existe entre la microbiota intestinal y otros órganos proceden del estudio de bacterias intestinales, pero también están presentes otros organismos como hongos, levaduras, virus y parásitos.
Una de las áreas que más se investiga es la conexión entre el intestino y el cerebro. Los microbios del intestino están constantemente hablando con el cerebro, por lo que influyen en el estrés y en las emociones, pero la situación contraria también es posible. Además de microbios, en la conexión intestino-cerebro también están involucrados el nervio vago, las hormonas, las células inmunitarias y los metabolitos: todos ellos forman un equipo que hace posible la comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro.
Estos hallazgos sugieren que el microbioma puede tener que ver en el desarrollo de la demencia, el autismo y otros trastornos. No obstante, todavía no sabemos si la alteración del microbioma es la causa de las enfermedades cerebrales o, meramente, una consecuencia.
Los microbios intestinales también podrían ser una causa oculta de las enfermedades pulmonares difíciles de controlar. La microbiota intestinal está conectada con la pulmonar, estando conformada esta última por el microbioma de la orofaringe principalmente, que varía de individuo a individuo, pero permanece estable con el paso del tiempo. El personal científico está explorando cómo aprovechar los microbios comensales del pulmón para predecir crisis asmáticas y mejorar la respuesta a los fármacos actuales para el tratamiento de las enfermedades pulmonares. Algunos estudios también han sugerido que las dietas basadas en alimentos de origen vegetal son esenciales a la hora de mantener la inflamación a raya y proporcionar los nutrientes necesarios que apoyen el sistema inmunitario y el microbioma intestinal, relevantes en la salud respiratoria.
El intestino constituye una puerta de entrada al organismo, por lo que la microbiota intestinal ayuda a que el sistema inmunitario cree una barrera contra los patógenos. Hasta el 80 % de las células inmunitarias se encuentran en el intestino. En su búsqueda de la cura para el síndrome del intestino irritable (SII), los equipos de investigación han recurrido a la activación aumentada de la defensa inmunitaria en el intestino delgado. Estos hallazgos respaldan la idea de que los problemas gastrointestinales no están en la cabeza de los pacientes.
La elevada fermentación de carbohidratos en el intestino grueso no es la única causa de los síntomas, puesto que los científicos tienen la teoría de que una infección abdominal puede alterar la barrera intestinal temporalmente. Con la barrera alterada, es posible que se absorban determinados componentes de alimentos y se desencadenen reacciones alérgicas localizadas. No obstante, es demasiado temprano para recomendar dietas de eliminación basadas en IgG a pacientes con SII que utilicen dietas de exclusión para controlar los síntomas.
Cerca del intestino está el hígado, que juega un papel fundamental en el metabolismo de los alimentos. En individuos sanos, el hígado actúa de guardián, pues elimina los compuestos tóxicos antes de que pasen a la corriente sanguínea. Cuando se altera la barrera intestinal, los microorganismos y sus metabolitos pueden entrar en el hígado. El personal científico está investigando nuevas formas de modular el intestino y el hígado para mitigar las complicaciones de las enfermedades hepáticas.
La piel es una de las superficies más extensas del organismo y también guarda relación con lo que sucede en el intestino. Sin embargo, a diferencia del microbioma intestinal, el microbioma de la piel es más independiente. La conexión entre el intestino y la piel se presentó inicialmente en 2016. En estudios recientes, se ha mostrado que el desequilibrio del microbioma intestinal puede debilitar la pared del intestino, un trastorno que ya se vinculó con la dermatitis, la psoriasis, el vitíligo y el acné.
Por último, pero no por ello menos importante, el estudio del corazón desde la perspectiva de los microbios intestinales puede ayudar a comprender por qué el metabolismo de cada persona responde de manera diferente a las dietas. El personal científico y médico está empezando a reconocer los niveles en sangre elevados de N-óxido de trimetilamina (TMAO) -un compuesto derivado de la dieta (por ejemplo, la colina y la carnitina) y el microbioma- como marcador que puede usarse para identificar pacientes con mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Los científicos están buscando nuevos tratamientos específicos que inhiban la conversión de compuestos dietéticos a TMAO al modular el microbioma intestinal y utilizar el perfil de este microbioma de cada persona para adaptar el asesoramiento nutricional.
Descubra más en este vídeo acerca de la conexión del microbioma intestinal con otros órganos y los motivos por los que es importante para mejorar la salud: