¿Tiene usted planeado viajar hasta Bali o la Polinesia francesa este verano? Quizás, mientras lee estas líneas, se imagine tomando el sol en una playa paradisíaca, bebiendo un zumo de frutas exóticas, a punto de zambullirse en un mar transparente. Suena bien, muy bien. Pero cuidado con los problemas de salud que puede acarrear el jet lag durante los días posteriores al viaje.

Cansancio, insomnio, mareos, somnolencia, hambre o incluso trastornos intestinales como estreñimiento o diarrea. Todos estos síntomas pueden aparecer cuando se cruzan varios husos horarios, debido al jet lag: un trastorno temporal del sueño provocado por el desajuste de los ritmos circadianos naturales.

Y ahora sabemos que el jet lag también afecta a la microbiota en su intestino. En un estudio publicado por Cell, investigadores del Instituto de Ciencias Weizmann de Israel, han revelado que tanto en ratones como en hombres, los cambios en el reloj biológico afectan a las bacterias hospedadas en el intestino. Para ello, realizaron un experimento con un grupo de voluntarios que habían viajado de Estados Unidos a Israel, con una diferencia horaria de entre ocho a diez horas. Los pobres ratones del estudio no se movieron, pero los científicos modificaron sus hábitos alimenticios y la iluminación de sus hábitats para inducir los efectos del jet lag.

Los investigadores tomaron muestras fecales antes y después del viaje (o viaje simulado) para determinar las bacterias presentes en sus intestinos y constataron que no solo cambiaba la composición bacteriana intestinal, sino también que los microorganismos que más prosperaban tras estos cambios eran los que más se relacionan con la obesidad y otros problemas de salud.

Asimismo, los científicos trasplantaron muestras de heces de humanos bajo los efectos del jet lag a ratones desprovistos de microbios intestinales y observaron que estos ganaban más peso y grasa corporal y que sus niveles de azúcar en sangre aumentaban más que aquellos que habían recibido heces de individuos antes del jet lag.

Si usted solo viaja en avión una vez al año para sus vacaciones de verano, el hecho de que su microbiota intestinal cambie no supone un gran problema, aparte de unos mareos o cierto malestar intestinal durante unos días. Porque afortunadamente, los efectos del jet lag en la composición de la microbiota intestinal se disipan en tan solo unas semanas. Sin embargo, si tiene que viajar a menudo, recorriendo el planeta o pasando de una zona horaria a otra, o trabaja por turnos o como piloto de avión, esto podría acarrearle graves consecuencias, ya que las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal están ligados a la obesidad, la diabetes y otros problemas de salud. Esto podría explicar por qué las personas que viajan con frecuencia tienen tendencia a engordar.

El jet lag también se relaciona con trastornos gastrointestinales como la diarrea o el estreñimiento, por un cambio en la alimentación (el consumo de especialidades locales) y en los horarios de las comidas para adaptarse a las nuevas zonas horarias. Sin embargo, estos trastornos digestivos podrían deberse más al viaje en sí que al jet lag relacionado con los trastornos del sueño.

 

Referencia:

Thaiss C, Zeevi D, Maayan L, et al. Transkingdom Control of Microbiota Diurnal Oscillations Promotes Metabolic Homeostasis. Cell. 2014; 159: 514-529.

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina