Más allá de la genética y del estilo de vida, el microbioma intestinal se perfila cada vez más como un factor importante en la progresión del cáncer y la respuesta a los tratamientos. Esto plantea una pregunta importante: ¿podría una mejor comprensión de este ecosistema, así como la capacidad de actuar sobre él, transformar la forma en que tratamos el cáncer?

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