La alianza entre la microbiota intestinal y el sistema inmunitario
Una diversa combinación de microbios puebla el organismo del ser humano: en la piel, en los pulmones, en el tracto urinario y, especialmente, en el intestino; forman un complejo ecosistema que influye profundamente en nuestra salud. De todos ellos, la microbiota intestinal destaca por su estrecha conexión con el sistema inmunitario.
Entre el 70 y el 80 % de nuestras células inmunitarias, aproximadamente, se encuentran en el tejido linfoide asociado al intestino, donde interactúan con los alimentos, los microbios y los subproductos microbianos. Esta relación comienza en el nacimiento, cuando el microbioma intestinal y el sistema inmunitario comienzan a desarrollarse conjuntamente.
Esta asociación continuada influye en cómo nuestro organismo tolera sustancias inofensivas y responde ante infecciones, y también en cómo reaccionamos a las vacunas. A lo largo de la vida, este equilibrio sigue modificándose, al verse moldeado por la genética, la dieta y el entorno.
Con frecuencia, los niños tienen un sistema inmunitario inmaduro, mientras que los adultos ancianos pueden presentar una respuesta inmunitaria más débil y más inflamación, una parte natural del envejecimiento conocida como inmunosenescencia y envejecimiento inflamatorio.
¿Por qué varía la respuesta a las vacunas de persona a persona?
Algunas personas desarrollan una protección buena y duradera tras la vacunación, mientras que otras muestran una respuesta inmunitaria más débil. Se sigue investigando esta variabilidad, indagando en los factores que influyen en el estado inmunológico de individuos vacunados.
Algunos se escapan de nuestro control, como la genética, la edad, el sexo e incluso el momento del día en el que se aplica la vacuna. Sin embargo, otros pueden estar condicionados por nuestro estilo de vida, como los niveles de estrés, la actividad física, la grasa corporal, la dieta y la composición de la microbiota intestinal.
- Edad: Con frecuencia, los adultos ancianos responden con menor eficacia a las vacunas debido a los cambios naturales que se producen en el sistema inmunitario (conocidos como inmunosenescencia) y a la presencia de enfermedades crónicas.
- Nutrición: Los macro y micronutrientes, como la proteína, el hierro, el zinc y las vitaminas A y D, ayudan a alimentar las células inmunitarias y favorecen la producción de anticuerpos y otras moléculas defensivas, al tiempo que nutren la microbiota intestinal, que, a su vez, influye en la inmunidad.
- Microbiota intestinal: Los microbios pueden mejorar la respuesta inmunitaria innata y adquirida al potenciar los anticuerpos o entrenar las células inmunitarias como los linfocitos T reguladores. Así pues, los nutrientes que fortalecen los microbios beneficiosos refuerzan el sistema inmunitario sin superar los niveles de ingesta seguros.
- Geografía y estilo de vida: Estos dos factores también influyen en la microbiota intestinal y la inmunidad. Diversos estudios han mostrado que la respuesta a las vacunas varía enormemente de un lugar a otro del globo. Sin embargo, la mayor parte de los estudios señalan que la dieta y el estilo de vida son los dos que más influyen. Por ejemplo, el estilo de vida tradicional favorece una diversidad microbiana intestinal mayor, en comparación con los hábitos de las urbes.
Qué dice la ciencia: la microbiota intestinal y la eficacia de las vacunas
Son numerosos los estudios, tanto en adultos como en niños, que han analizado la posible influencia de los microbios intestinales en el buen funcionamiento de las vacunas. Tener la microbiota intestinal equilibrada es esencial para que el sistema inmunitario esté saludable y la respuesta inmunitaria ante las vacunas se potencie.
El personal investigador ha explorado esta conexión en una gama de vacunas, desde la de la polio y el rotavirus hasta la de la gripe y, recientemente, la de la COVID-19. A continuación, se exponen los hallazgos hasta el momento:
- Vacunas administradas por vía oral: Se ha relacionado una mayor cantidad de determinadas bacterias intestinales, como las pertenecientes a los filos Bacillota, Pseudomonadota y Bacteroidota, con una mejor respuesta a la vacuna contra el rotavirus por vía oral tanto en niños como en adultos.
- Vacunas contra la COVID-19: En adultos, el hecho de tener más bacterias de los filos Actynomycetota y Bacteroidota se asoció a una respuesta inmunitaria más sólida ante las vacunas del SARS-CoV-2. No obstante, los resultados correspondientes al filo Bacillota fueron mixtos.
- Diferencias de edad: Curiosamente, tanto niños como adultos no siempre responden de la misma manera ante bacterias similares. Por ejemplo, los niños que respondieron bien a vacunas presentaron, con frecuencia, niveles más bajos de Bacillota y Pseudomonadota, mientras que los adultos mostraron la tendencia contraria. Aun así, dicha tendencia no puede generalizarse para todas las vacunas (por ejemplo, con la mencionada vacuna contra el rotavirus por vía oral).
- Antibióticos: Se mostró que el uso de antibióticos redujo la producción de anticuerpos específicos tras la aplicación de varias vacunas infantiles y también debilitó la respuesta ante una cepa de gripe en adultos que tenían un historial de capacidad de respuesta baja a las vacunas.
En general, hay una creciente evidencia de que los cambios en la microbiota intestinal pueden afectar al grado de eficacia de las vacunas. Sin embargo, son necesarios más estudios a gran escala para comprender mejor estos vínculos y los mecanismos biológicos que los sustentan.
¿De qué modo la nutrición mejora la respuesta a las vacunas?
Las investigaciones recientes muestran que podemos favorecer la microbiota intestinal y, posiblemente, mejorar la respuesta a las vacunas, a través de la dieta. Por ejemplo, la obtención de suficientes nutrientes buenos para el sistema inmunitario, como las vitaminas A (incluido el betacaroteno), B6, B9 (folato), B12, C , D y E, y los minerales I, Zn, Se, Fe y Cu, puede ayudar a revertir deficiencias y reforzar la función inmunitaria, en especial en personas cuya ingesta sea baja. Asimismo, los prebióticos y los probióticos también tienen potencial a la hora de favorecer la respuesta inmunitaria a través de efectos directos e indirectos.
En estudios llevados a cabo en adultos vacunados contra cepas de la gripe como H1N1, H3N2 y gripe B se halló que la respuesta inmunitaria mejoraba tras la suplementación con Lactobacillus y Bifidobacterium. Los hallazgos complementarios en niños sugieren que la incorporación de Propionibacterium a las formulaciones de probióticos puede mejorar la respuesta a la vacuna de la gripe B.
Estos hallazgos respaldan la evidencia previa que muestra que dos cepas de probióticos, de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus, pueden mejorar la respuesta inmunitaria tanto sistémica como mucosa ante la vacuna de la gripe. Sin embargo, otros investigadores han notificado resultados mixtos, en un ensayo que evaluaba la eficacia de una cepa de Lactobacillus a la hora de mejorar la respuesta de los anticuerpos a la vacuna de la hepatitis A.
Los prebióticos como la inulina, los galactooligosacáridos (GOS) y los fructooligosacáridos (FOS) favorecen la proliferación de bacterias beneficiosas como las Bifidobacteria e impulsan la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que ayudan a reducir la inflamación al interactuar con las células inmunitarias. Por ejemplo, en un estudio llevado a cabo en adultos de mediana edad, se halló que una combinación de inulina y oligofructosa mejoró la respuesta de los anticuerpos ante la vacuna de la gripe estacional, lo cual sugiere que se produce un impulso modesto, aunque medible, en la función inmunológica.
Algunos de estos prebióticos, los GOS, los FOS y la 2′-fucosil-lactosa, se relacionaron con menos infecciones y más cantidad de anticuerpos en niños, mientras que la levadura beta-glucano redujo los síntomas de infección respiratoria en adultos sanos. De manera similar, con una combinación de prebióticos de oligofructosa e inulina durante ocho semanas, se incrementaron los niveles de anticuerpos contra la cepa de la gripe H3N2 en adultos de mediana edad, aunque no sucedió con otras cepas.
Curiosamente, en un estudio de Pediatric Allergy and Immunology, se reveló que los oligosacáridos de la leche humana también pueden favorecer la inmunidad de los tractos respiratorio y urinario al interactuar con las células inmunitarias presentes en la corriente sanguínea.
A pesar de que algunos estudios muestran una mejora modesta en la respuesta a las vacunas entre adultos jóvenes, los beneficios consistentes en personas ancianas son más difícil de probar. Con más investigación, se podrá comprender cómo afecta la nutrición a la inmunidad en diferentes grupos etarios y estados de salud.
Conclusiones
Aunque el personal científico sigue sin descubrir el panorama completo, los hábitos diarios constituyen una manera práctica de ayudar al intestino y al sistema inmunitario. Consumir más alimentos ricos en fibra, disfrutar de productos fermentados y evitar antibióticos innecesarios son pasos sencillos que pueden ser útiles.
El primer consejo para respaldar la función inmunitaria es seguir una dieta variada y bien equilibrada rica en frutas y verduras de colores. Los suplementos prebióticos y probióticos, junto con una ingesta adecuada de macro y micronutrientes, pueden ayudar a restablecer la función inmunitaria, especialmente en adultos mayores o en aquellas personas cuya ingesta de nutrientes sea reducida.
Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia, no solo a la hora de combatir infecciones, sino, posiblemente, para ayudar al organismo a responder mejor a las vacunas. A pesar de que determinadas personas, como las mayores, pueden beneficiarse de suplementos alimenticios particulares de nutrientes que respalden el sistema inmunitario, la dosis adecuada debería personalizarse teniendo en cuenta los beneficios y los riesgos.
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