La ciencia sigue demostrando que el intestino desempeña un papel crucial en la salud, dato que quedó todavía más claro durante el 13.º GMFH World Summit, celebrado el 15 y 16 de marzo de 2025 en Washington, D. C.. El evento congregó a profesionales del ámbito de la salud procedentes de todo el mundo para debatir sobre el tema «Microbiome Milieu: Diet, Drugs and Environment» (el ambiente del microbioma: dieta, fármacos y entorno).

Aquí podrá consultar los puntos destacados de las cuatro sesiones plenarias y los talleres temáticos

 

¿Los microbios intestinales podrían influir en el peso?

¿Alguna vez pensó en que lo que comemos no solo nos afecta a nosotros como personas, sino también a los microorganismos que tenemos en nuestro interior? Esta idea sentó las bases del simposio, que comenzó con una estimulante ponencia inaugural en la que se mostró el modo en que la dieta puede influir tanto en nuestro metabolismo como en nuestra microbiota intestinal.

Esta perspectiva la expuso la investigadora Karine Clément, quien presentó elenfoque NutriOmics, que integra datos sobre nutrición, metabolismo y microbiota intestinal. Mostró que los hábitos simples del estilo de vida,  como una dieta variada, ejercicio regular y no fumar, pueden tener influir positivamente tanto en la salud metabólica como en la diversidad microbiana. Clément y su equipo identificaron que los individuos que presentan una diversidad microbiana más reducida suelen tener un metabolismo menos saludable, pero que los cambios en la dieta pudieron mejorar la situación.

En el futuro, las herramientas avanzadas como las ciencias ómicas pueden ser útiles para personalizar las estrategias de prevención y tratamiento de la obesidad, teniendo en cuenta el perfil único de cada persona. Por ejemplo, quienes padecen obesidad presentan una menor abundancia de Akkermansia y de Faecalibacterium y de potencial de producción de butirato, al tiempo que tienen un potencial de producción de trimetilamina más alto (esta última es un metabolito que deriva de la microbiota intestinal y se produce a partir de nutrientes dietéticos). Los cambios en el ámbito de la microbiota explican la significativa variabilidad entre individuos sometidos a tratamientos para la obesidad en la actualidad, y pueden ayudar a seleccionar mejor a quienes se beneficien de tratamientos farmacológicos y dietéticos, además de favorecer el uso de tratamientos enfocados en el microbioma como complemento.

 

Lo que comemos puede promover o dañar nuestra salud intestinal

En la primera sesión plenaria del GMFH Summit 2025, se congregaron tres expertos que compartieron perspectivas complementarias sobre el modo en que la dieta y la microbiota intestinal pueden influir en la salud, tanto para bien como para mal.

El doctor Ashwin Ananthakrishnan abrió la sesión mostrando que lo que elegimos comer pude incrementar o reducir el riesgo de padecer varias enfermedades, dado que los distintos componentes de la dieta pueden tener un impacto directo en la composición de la microbiota intestinal y, en consecuencia, en nuestra salud.

Después, la investigadora Abigail Johnson ofreció una reflexión práctica sobre el rigor metodológico necesario para avanzar en el este campo. Destacó que todo empieza con una pregunta clara: ¿qué queremos descubrir? A partir de ahí, es posible definir las herramientas adecuadas para recopilar datos sobre dietas y comprender cómo se puede combinar esta información con los datos sobre la microbiota intestinal. Johnson también reconoció las limitaciones actuales de la investigación sobre el microbioma y la nutrición. Muchos nutrientes que no figuran en las etiquetas de los alimentos (como los polifenoles hallados en la mayoría de alimentos de origen vegetal) pueden mejorar la salud del huésped al alimentar la microbiota intestinal, por lo que el personal científico ha empezado a tener en cuenta el modo en que el tipo de alimento, los métodos de preparación y la dieta de fondo afectan a los microbios intestinales.

Para cerrar la sesión, el investigador Benoit Chassaing presentó un estudio que llamó la atención del público al ser el primero que mostró que reducir el consumo de aditivos alimentarios, en especial, de emulsionantes, hallados con frecuencia en alimentos ultraprocesados, puede ayudar a aliviar los síntomas de la enfermedad de Crohn leve a moderadamente activa. Los hallazgos en ratones también mostraron que los emulsionantes dietéticos pueden facilitar que determinadas bacterias intestinales crucen la barrera intestinal y aumente así su potencial de dañar la salud intestinal. Quedó claro un mensaje: los pequeños cambios que hagamos en lo que comemos pueden tener un gran impacto en nuestra salud intestinal.

 

Más allá del intestino: nuevas pistas sobre la relación entre la microbiota intestinal, el colesterol y la salud cerebral

¿Sabía que el intestino influye en mucho más que en la digestión? La segunda sesión plenaria del GMFH Summit 2025 lo dejó claro: la microbiota intestinal influye en mucho más que en el intestino.

El doctor Bernd Schnabl presentó sorprendentes hallazgos sobre una enfermedad denominada síndrome de la autocervecería, un trastorno poco común en el que la microbiota intestinal produce grandes cantidades de alcohol, aunque no se haya consumido alcohol, lo cual influye en las enfermedades hepáticas. Señaló que el desequilibrio de estos microorganismos podrá tratarse en un futuro próximo con trasplantes de microbiota fecal, una esperanza para los pacientes con este diagnóstico.

El investigador Chenhao Li mostró que determinadas bacterias intestinales, como las del género Oscillibacter, están ligadas a factores de riesgo cardiovascular, por lo que pueden afectar al metabolismo del colesterol y al equilibrio de lípidos en el organismo. Resulta interesante destacar que la microbiota intestinal puede convertir el colesterol en coprostanol y la presencia de bacterias que codifican el gen implicado en dicha conversión se relaciona con niveles más bajos de colesterol en las heces y la sangre.

Para cerrar la sesión, la investigadora Andrea Merchak destacó una conexión que no siempre tenemos en cuenta en nuestra vida cotidiana: el vínculo existente entre el intestino y el cerebro. Explicó que la inflamación del intestino puede afectar directamente a la salud cerebral y que puede guardar relación con el desarrollo de trastornos neurodegenerativos. Algunos factores fundamentales que participan en la comunicación intestino-cerebro y generan riesgo de inflamación cerebral y neurodegeneración son los ácidos biliares y la inflamación intestinal. Asimismo, dejó un mensaje importante: nuestro bienestar no depende de un único factor, sino de todo a lo que estamos expuestos cada día, es decir, la dieta, el entorno y el estilo de vida. De acuerdo con Merchak, para comprender íntegramente dichas conexiones y transformar el conocimiento en acciones concretas, resulta esencial invertir en ciencia colaborativa y reunir distintos campos para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento.

 

¿Cómo se puede mejorar la salud intestinal? Motivos por los que un mismo abordaje no sirve para todos

La tarde de la primera jornada del GMFH Summit 2025 se dedicó a una serie de talleres temáticos en los cuales los participantes tuvieron oportunidad de ahondar más en debates específicos sobre la dieta, la microbiota intestinal y la salud. En el primer taller, los ponentes trataron el modo en que las recomendaciones nutricionales pueden adaptarse al estado de salud de cada persona. El segundo taller dio a conocer perspectivas innovadoras mediante la presentación de nuevas herramientas para estudiar el microbioma.

La tercera sesión se centró en una pregunta de total actualidad: ¿deberíamos consumir más o menos fibra? La respuesta, como siempre en la ciencia, es «depende». La fibra que procede de alimentos es la primera elección y parece prudente incrementar la variedad de alimentos de origen vegetal para favorecer el crecimiento de distintas bacterias. Sin embargo, un consejo dietético no sirve para todos, puesto que la salud del huésped, así como su estado inmunitario, su dieta y su microbiota intestinal tienen un papel significativo en el efecto final que causa la fibra en la salud. La inulina puede nutrir las bacterias intestinales, mientras que las fibras de psyllium y de trigo influyen en la composición de la microbiota intestinal sin favorecer su desarrollo. Los ponentes también debatieron sobre el modo en que distintos patrones dietéticos pueden llevar a estados marcados y estables de la microbiota intestinal. Por último, el cuarto taller se dedicó a la primera etapa de la vida, pues en él se exploraron los detalles de la administración de probióticos para reducir el riesgo de enterocolitis necrosante, sepsis y muerte en prematuros.

Las sesiones fueron un espacio más exclusivo para el intercambio de conocimiento entre investigadores, profesionales del ámbito sanitario y estudiantes con interés en comprender cómo se pueden aplicar los hallazgos científicos en la práctica del día a día.

 

El ecosistema intestinal: más que bacterias

Las bacterias no lo son todo. En el segundo día, la tercera sesión plenaria amplió el debate al incorporar el viroma (el conjunto de virus que habitan en el intestino), los hongos y la interacción entre bacteriófagos y bacterias.

Robert Schooley trató los desafíos de emplear bacteriófagos terapéuticamente (virus que infectan las bacterias) como alternativa a los antibióticos. Explicó que, a pesar de su potencial prometedor, todavía son muchas las barreras que existen para llevar esta estrategia a la práctica, como la dificultad de predecir su efectividad, la necesidad de protegerlas de los ácidos estomacales y el riesgo de que las bacterias desarrollen resistencia a los bacteriófagos con el paso del tiempo.

A continuación, la investigadora Kyla Ost llamó la atención sobre un componente menos conocido del microbioma intestinal: los hongos. Destacó que, aunque solo representan entre el 1 y el 2 % de la microbiota, la especie Candida desempeña un papel importante en la regulación del sistema inmunitario. Cuando están en equilibrio, los hongos pueden favorecer la salud metabólica y promover respuestas inmunitarias beneficiosas, pero si están desequilibrados y presentan forma de hifas (filamentos largos y estrechos, semejantes a tubos) pueden fomentar la inflamación y la enfermedad.

En las presentaciones se insistió en que, para comprender del todo el impacto que el microbioma tiene en la salud, es esencial indagar más allá de las bacterias y tener en cuenta virus y hongos, y se destacó la idea de que la salud intestinal depende de un ecosistema complejo e interconectado.

 

El microbioma intestinal y la oncología

La cuarta sesión plenaria del evento se centró en las interacciones que se dan entre la microbiota intestinal y la oncología. El doctor Jonathan Peled debatió sobre diferentes estrategias que se pueden emplear con el fin de modular la microbiota durante las terapias para el cáncer, como el uso de antibióticos, probióticos, prebióticos y posbióticos, con el objetivo de mejorar la respuesta al tratamiento y reducir los efectos secundarios.

Después, la investigadora Carrie Daniel-MacDougall enfatizó el papel de la dieta como herramienta para respaldar la salud de la microbiota, al poner de relieve que una dieta variada rica en alimentos prebióticos puede ayudar a mantener el equilibrio microbiano y favorecer las relaciones simbióticas entre microorganismos beneficiosos. La dieta es uno de los factores sobre los que más se investiga y que se sabe que influye en el riesgo de padecer cáncer y en el resultado de los tratamientos al actuar en la microbiota intestinal. Daniel-MacDougall presentó los recientes hallazgos sobre el modo en que al incorporar alubias blancas a la dieta de supervivientes de cáncer colorrectal, es posible que mejore su salud intestinal y se regulen los procesos inmunitarios e inflamatorios. En varios ensayos clínicos llevados a cabo con humanos, se está explorando en qué manera las dietas preparadas con alto contenido de fibra pueden determinar el resultado de los tratamientos en pacientes con melanoma metastásico sometidos a inmunoterapia.

En la misma sesión plenaria, la científica Cynthia Sears expuso datos sobre la presencia de biopelículas bacterianas en casos de cáncer colorrectal. Sears mostró que dichas estructuras son más frecuentes en tumores localizados en el lado derecho del colon y que pueden favorecer el desarrollo del cáncer al poner en riesgo la barrera intestinal y activar vías inflamatorias. La investigadora también debatió sobre posibles mecanismos mediante los cuales los antibióticos orales y la bacteria Clostridioides difficile pueden estar asociados al cáncer de colon, reforzando así la importancia de comprender el papel que la microbiota tiene en la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.

Para cerrar la sesión, el investigador KC Huang presentó nuevas herramientas para investigar cómo las bacterias intestinales colonizan el organismo e interactúan con el entorno. Huang destacó que tecnologías como la secuenciación metagenómica y el rastreo de linajes bacterianos permiten supervisar dichas interacciones detalladamente y realizar así descubrimientos cada vez más precisos sobre el impacto que la microbiota intestinal tiene en la salud.

 

Las sesiones dejaron un claro recordatorio:

En el GMFH Summit 2025 quedó claro que la microbiota intestinal se forma día a día a través de nuestras elecciones: lo que comemos, los medicamentos que usamos y el entorno en el que vivimos. Dichos factores, además de influir en la salud intestinal, también influyen en las conexiones con los distintos órganos y sistemas del cuerpo.

La ciencia está avanzando para transformar estos descubrimientos en recomendaciones prácticas, hecho que reafirma que cuidar del intestino es cuidar de la salud en general.