La microbiota intestinal podría estar implicada en el autismo

 

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Uno de cada 160 niños padece algún trastorno del espectro autista (TEA), según datos de la Organización Mundial de la Salud. Se trata de un conjunto de alteraciones del desarrollo cerebral que se caracterizan por una amplia gama de síntomas y niveles de discapacidad: mientras que algunos chavales pueden tener un deterioro leve, otros pueden estar gravemente discapacitados.

Aunque se suelen barajar diversos factores, la causa exacta de estas anomalías se desconoce. Una investigación reciente realizada por científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) y publicada en la revista Cell parece arrojar algo de luz sobre el origen de esta enfermedad, que, al parecer, podría estar vinculada a cambios en la microbiota intestinal.

Estudios anteriores habían demostrado que existe una relación entre los 100 billones de bacterias que habitan el colon y el comportamiento. De hecho, se sabe que estos microorganismos están implicados en la ansiedad, pero también en la percepción del dolor e incluso la respuesta emocional de los animales. “Nuestro trabajo es el primero que prueba que si modulamos la microbiota intestinal, es posible influenciar los síntomas del autismo en ratones”, explicó la investigadora Elaine Hsiao al Observatorio de la Microbiota Intestinal (Gut Microbiota Worldwatch) durante la 4ª Cumbre Mundial de Microbiota Intestinal para la Salud de Barcelona. El trabajo de esta investigadora norteamericana fue uno de los que más expectativa despertó de este encuentro internacional anual de expertos.

“En nuestro laboratorio estábamos estudiando el desarrollo del sistema inmune en ratones y quisimos ver si actuando sobre la microbiota intestinal podíamos entrenar las defensas de estos animales. Nada más comenzar la investigación, nos percatamos de que hay una gran cantidad de estudios clínicos que señalan que las personas que padecen autismo, suelen reportar enormes problemas gastrointestinales. Eso, de alguna manera, nos dio la pista para comenzar a investigar”, afirmó Hsiao.

Las evidencias epidemiológicas en humanos muestran que si la madre tiene una respuesta inmune fuerte durante alguna etapa concreta del embarazo, eso aumenta el riesgo de los hijos de padecer TEA. A partir de ese conocimiento, Hsiao y su equipo provocaron una respuesta del sistema inmunitario de los ratones hembra gestantes, de manera que obtuvieron crías que mostraban síntomas típicos del espectro autista: desde movimientos repetitivos a menos interacción y comunicación con el resto de roedores.

Es más, la microbiota de estos animales estaba alterada y sus intestinos presentaban una alta permeabilidad, en comparación con ratones sanos, lo que supone un peligro, porque se pueden filtrar sustancias potencialmente dañinas o tóxicas del intestino a la sangre. Podría tratarse, efectivamente, de lo que les sucede a algunos niños que padecen TEA y experimentan frecuentes diarreas.

Asimismo, este equipo de científicos identificó una molécula, producto del metabolismo de las bacterias intestinales, en los ratones con autismo muy parecido a otra que se halla en altas concentraciones en niños diagnosticados con TEA. Para averiguar cuál era la función exacta de este metabolito, los investigadores se lo administraron a ratones sanos, que al poco empezaron a mostrar comportamientos parecidos a aquellos con autismo. Este hallazgo sugiere que esas moléculas potencialmente tóxicas escapan del intestino, se filtran a la sangre y alcanzan el cerebro.

Por otro lado, Hsiao y su equipo probaron un tratamiento probiótico con B. Fragilis, una bacteria comensal que habita el intestino sano y que en estudios anteriores se había mostrado eficaz para tratar problemas inmunitarios y también gastrointestinales. Tras dar a los ratones autistas esta bacteria, vieron que sus problemas intestinales mejoraban, lo que abre la puerta a desarrollar nuevos fármacos que combatan los síntomas del autismo.

Aunque los resultados de estos primeros estudios son prometedores, Hsiao se mostró cauta y repitió que, de momento, estos resultados son en modelos animales y se desconoce si serán 100% trasladables a humanos.

GMFH Editing Team