Ya sabemos que la exposición del tracto digestivo de un bebé a las bacterias comienza en el parto. Queda ahora por descubrir cómo se estructura la microbiota intestinal del recién nacido, cómo evoluciona con el tiempo o cómo se produce la transición entre primera infancia e infancia. Un nuevo artículo publicado en Nature aporta importantes aclaraciones sobre esta cuestión, presentando una nueva perspectiva del vínculo entre microbiota intestinal y desarrollo del bebé.

En este estudio, investigadores de la Facultad de Medicina Baylor (Houston, Estados Unidos), han sacado a la luz 3 etapas en la colonización microbiana del intestino del niño entre los tres meses y los cuatro años: 1/Una etapa de desarrollo (de 3 a 14 meses); 2/Una etapa de transición (de 15 a 30 meses); y 3/Una etapa de estabilización (a partir de 31 meses). Pero esto no significa que la microbiota intestinal alcance la madurez a la edad de dos años y medio. De hecho, estudios anteriores han revelado que es posible observar el proceso de maduración hasta los 20 años, y que se produce una evolución hacia una microbiota «vieja» alrededor de los 70 años.

«Sabemos que los primeros años de vida son importantes para el establecimiento de la microbiota.» Nacemos con muy pocos microbios, y las comunidades bacterianas se ensamblan en y sobre nuestro cuerpo durante los primeros años de vida», explica Joseph Petrosino, investigador en Baylor y autor principal del estudio.

En el marco de su estudio, Petrosino y sus colaboradores se basaron en la cohorte del estudio TEDDY (Determinantes ambientales de la diabetes en los jóvenes), el más amplio estudio realizado con bebés hasta la fecha.

Durante 10 años, seis clínicas de diferentes países tomaron mensualmente muestras de heces a más de 8.600 niños con un elevado riesgo de desarrollar diabetes de tipo 1.

Su intención era entender los factores desencadenantes de la enfermedad.

Los investigadores de la Facultad de medicina Baylor analizaron 12.500 muestras de heces obtenidas de dicha cohorte, aportadas por 903 niños con edades entre 3 y 46 meses de edad.

Comprobaron que durante la etapa de desarrollo de la microbiota, los bebés amamantados — al menos parcialmente — presentaban niveles más altos de Bifidobacterium.  Estas bacterias, las primeras en colonizar el intestino del recién nacido, poseen propiedades probióticas. Con la diversificación de la dieta, la microbiota de los niños se diversifica a su vez hasta adquirir un mayor número de bacterias del filum Firmicutes, características del microbiota adulto. Cabe recalcar que el parto vaginal también ha sido vinculado a un incremento temporal de las bacterias Bacteroides, lo que a su vez estaría relacionado con una mayor diversidad y maduración intestinal durante los primeros años de vida.

En definitiva, «este estudio arroja luz sobre la importancia de la alimentación durante la primera infancia y nos da una visión de la manera en que afecta al desarrollo de la microbiota. Es primordial que los niños consuman alimentos que aporten sustratos fermentables a su microbiota. Fibra, carbohidratos no absorbibles de origen vegetal y carbohidratos más complejos como los cereales integrales que contienen diferentes tipos de fibra como la inulina y los oligosacáridos contribuyen al establecimiento de una microbiota intestinal sana» recalca el Dr. Francisco Guarner, investigador del Instituto de Investigación Vall d’Hebron.

 

 

Referencias:

Christopher J. Stewart, Nadim J. Ajami, Jacqueline L O’Brien et al. Temporal development of the gut microbiome in early childhood from the TEDDY study, Nature, 2018.Doi : 10.1038/s41586-018-0617-x

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina