La ONU advertía recientemente de que  la resistencia a los antibióticos  será la primera causa de muerte en el mundo en 2050. Con un número de bacterias resistentes a los antibióticos creciente, se dificultará el tratamiento eficaz de las infecciones.

Algunas estimaciones sugieren que cada año mueren 200.000 recién nacidos en el mundo por infecciones causadas por las bacterias resistentes a los antibióticos. De hecho, según la microbióloga Katariina Pärnänen, de la Facultad de Agricultura y Silvicultura de la Universidad de Helsinki (Finlandia), el número de bacterias resistentes a los antibióticos en el intestino de los bebés es “preocupante” y hace que los niños sean vulnerables a las enfermedades. “Los bebés, aunque no hayan recibido nunca un tratamiento antibiótico, son más propensos a esto que los adultos”, explica Pärnänen.

Pero, ¿cómo se explica que esas bacterias resistentes acaben en los intestinos de niños que no han tomado antibióticos en su corta vida? Estudios anteriores ya habían demostrado que los bebés tienen una gran cantidad de bacterias resistentes, en comparación con los adultos, quienes normalmente ya se han sometido a tratamientos antibióticos a lo largo de su vida.

A fin de aclarar esta cuestión clave acerca del origen de esas bacterias resistentes a los antibióticos, Pärnänen y su equipo hicieron un seguimiento de 16 parejas madre-hijo durante 8 meses: analizaron las heces de ambos, así como la leche materna, centrándose en el ADN bacteriano.

El estudio, publicado en Nature Communications, concluyó que esas bacterias resistentes provenían de la madre, no solo a través del parto, -ya fuera vaginal o por cesárea- sino también de la lactancia materna. Efectivamente, se observó la presencia de genes resistentes en la leche materna.

A menudo,  los antibióticos administrados a la madre durante el parto, para prevenir o tratar infecciones, aumentan el número de bacterias resistentes a los antibióticos en los bebés. Los investigadores finlandeses manejan la hipótesis de que ya que los antibióticos administrados a la madre eliminan potencialmente bacterias peligrosas como los estreptococos, pero no los resistentes a los fármacos, son estos últimos los que pasan al bebé durante el parto. Por ello, sugieren que quizás «los médicos podrían usar sus hallazgos para considerar si las prácticas [preventivas] deberían cambiarse o no.»

Aunque pueda parecer contradictorio, el estudio también descubrió que los bebés alimentados con leche materna durante al menos 6 meses tenían menos bacterias resistentes a los antibióticos en el intestino que los que la habían consumido durante menos tiempo.

En términos generales, la lactancia materna es saludable y buena para los niños, razón por la que la Organización Mundial de la Salud recomienda recurrir a ella en exclusividad durante los primeros seis meses de vida y prolongar su uso al menos hasta los 2 años de edad. Y ahora, además de todas las ventajas para la salud del bebé que ya se le atribuían, los investigadores finlandeses han descubierto que reducen el número de bacterias dañinas resistentes a los antibióticos.

Los investigadores creen que esto se debe a los azúcares fermentables contenidos en la leche, denominados prebióticos, que fomentan el crecimiento de bacterias intestinales que tienen características probióticas, como las bifidobacterias.

Estas bacterias beneficiosas también evitan la proliferación de otras bacterias nocivas. Como en una jungla en que las especies de fauna y flora compiten entre ellas para hacerse con el control y acceder a los recursos, en el intestino, las bacterias, en su mayoría y otros microorganismos también compiten para prosperar.

“El efecto positivo de la lactancia materna también era identificable en bebés que además de la leche materna bebían leche de fórmula. Incluso la lactancia materna parcial parecía bastar para reducir la cantidad de bacterias resistentes a los antibióticos”, declara Pärnänen.

Según estos hallazgos, la lactancia materna y la lactancia materna parcial complementada con leche de fórmula siguen siendo una buena alternativa para mantener a raya los genes resistentes en el intestino de los bebés e intentar, asimismo, paliar el problema global de la resistencia a los antibióticos.

Referencias

Pärnänen K, Karkman A, Hultman J, et al. Maternal gut and breast milk microbiota affect infant gut antibiotic resistome and mobile genetic elements. Nat Commun. 2018; 9(1):3891. doi: 10.1038/s41467-018-06393-w.

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina