Desde nuestra concepción hasta que cumplimos 1.000 días, nuestro crecimiento es exponencial, mucho más rápido que en ningún otro momento de nuestra vida. Durante los primeros nueve meses de existencia, pasamos de ser dos células a un recién nacido de 50 cm de largo y 3 kg de peso. Y entre nuestro nacimiento y los tres años de edad, el tamaño de nuestro cuerpo se duplica y nuestro peso se multiplica por cinco.

¿No le parece increíble? Y en el marco de este asombroso proceso, la nutrición y la microbiota intestinal desempeñan un papel crucial a la hora de sentar los cimientos de nuestra salud futura.

“Esto no significa que nuestro desarrollo inicial puede hacer de nosotros personas sanas o enfermas, sino que los sistemas que se establecen a edad temprana son los que nos quedarán en el futuro, serán nuestras herramientas para enfrentarnos a los retos de nuestro entorno”, explica la Profesora Eline van der Beek, experta en programación nutricional de la Universidad de Groningen (Países Bajos). Sus estudios se centran en la aportación de la salud materna y el papel de la calidad de los nutrientes durante el desarrollo temprano en la salud futura.

Durante el embarazo, las madres proporcionan al feto los nutrientes esenciales, los cuales, a su vez, son la energía y los cimientos del crecimiento. La falta de nutrientes adecuados puede desencadenar una alteración permanente del tamaño o de la función de los órganos.

“Cuando el desarrollo temprano es deficiente, todo el sistema se ve afectado y se obtiene un órgano que podría ser menos flexible y menos capaz de generar las respuestas adecuadas necesarias más adelante en la vida», recalca Van der Beek.

La microbiota intestinal desempeña un papel clave en el establecimiento de las bases de nuestra salud futura. Entre sus importantes funciones para la salud humana, destaca la manera en que entrena al sistema inmunitario y nos ayuda a obtener energía y nutrientes de los alimentos.

Las bacterias de la madre comienzan a colonizar al recién nacido esencialmente durante el parto vaginal. Después, la lactancia materna y más tarde, los alimentos de destete y los hábitos alimentarios contribuyen en mayor medida a establecer una comunidad bacteriana sana.

La profesora Van der Beek afirma, sin embargo, que muchos otros factores además de la lactancia influyen en el vínculo entre microbiota intestinal y salud futura. Según la científica, si nos fijamos en la manera en que el tracto gastrointestinal y especialmente la microbiota intestinal se desarrollan, observamos cómo también influyen nuestra constitución genética, las circunstancias de nuestra salud durante la gestación, y la salud de nuestra madre. Entre estos otros factores se encuentran el modo de nacimiento, la lactancia materna o con leche artificial, y más adelante, la introducción de los alimentos de destete y los hábitos alimentarios.

“Por mucho que hayamos nacido por vía vaginal, nos hayamos alimentado con leche materna y que nuestra madre estuviera totalmente sana, si empezamos a comer a base de “comida basura” con cinco años, no hay nada que hacer”, ironiza la científica.

Conscientes del papel esencial de la microbiota intestinal en la salud futura, algunos profesionales de la salude tratan de encauzar nuestras bacterias hacia un desarrollo sano utilizando probióticos y prebióticos en niños. Sin embargo, la profesora Van der Beek se muestra cauta en esta cuestión: los niños sanos alimentados al pecho no necesitan probióticos. La leche materna ya es rica en probióticos, no es por tanto necesario añadir más. La mayoría de los bióticos presentes en la leche son prebióticos, los cuales alimentan directamente a nuestra microbiota intestinal.

No obstante, se sabe que además de la alimentación, durante esos 1.000 primeros días de vida, los antibióticos también influyen en el establecimiento de la microbiota intestinal. Se ha demostrado que los tratamientos antibióticos reiterados durante los primeros años de vida afectan a la microbiota intestinal del niño, llegando a predisponerlos a enfermedades como alergias, asma, obesidad o incluso diabetes tipo 2. Van der Beek considera que: “En algunos casos, son necesarios, pero son una pesadilla”. Estos e debe a que alteran profundamente la microbiota intestinal.

“El uso de antibióticos cerca del momento del nacimiento y en niños pequeños tiene un impacto considerable sobre el desarrollo de la microbiota intestinal. Tenemos que ser más razonables. A menudo, a los niños que padecen infecciones del oído recurrentes, por ejemplo, se les prescribe sistemáticamente un tratamiento antibiótico, pero ¿por qué administrar antibióticos a los niños? Probablemente sea la solución más sencilla para los pediatras, pero no debería ser el caso”.

En este sentido, la Profesora Van der Beek nos recuerda algo importante: los probióticos podrían tener un papel esencial en la reducción del consumo de antibióticos a edad temprana , e incluso durante el parto, cuando pueden prescribirse para evitar infecciones. “Los datos preliminares sugieren que deberíamos ser capaces de restringir el uso de estos fármacos a situaciones muy concretas, al igual que las cesáreas”.

 

Palabras clave:

Edad temprana, microbiota intestinal, lactancia materna, alimentación, probióticos, prebióticos, antibióticos, sistema inmunitario

 

Artículo de referencia

Van der Beek, E. (2018). Nutritional Programming and Later Life: The role of macronutrient quality during the first 1,000 days. Sight & Life E-magazine, 32(1), 46-52.

Cristina Sáez
Cristina Sáez
Cristina Sáez es periodista freelance especializada en ciencia. Trabaja para diversos medios de comunicación, como el diario La Vanguardia, donde coordina la sección de ciencia Big Vang; y colabora con centros de investigación y sociedades científicas. Su trabajo periodístico ha sido reconocido, entre otros, con el Premio de Periodismo en Medicina Boerhinger Ingelheim 2015. El Twitter de Cristina @saez_cristina