La importancia del microbioma intestinal temprano

El microbioma intestinal se empieza a formar en el nacimiento y evoluciona con rapidez durante la primera infancia, por lo que determina la digestión, la inmunidad e incluso el desarrollo del cerebro del bebé. La colonización microbiana temprana está condicionada por factores como el tipo de parto, las prácticas de alimentación, el uso de antimicrobianos y la exposición ambiental.

Los primeros colonizadores, como las bifidobacterias, prosperan con la leche materna, mientras que los posteriores microbios ayudan a procesar los alimentos sólidos. Las alteraciones que se producen en este proceso se han relacionado con alergias, trastornos metabólicos y enfermedades del neurodesarrollo más adelante en la vida, por lo que es esencial comprender cómo madura el microbioma sano.

 

Patrones comunes en todo el mundo

Hasta el momento, la mayor parte de los estudios se han centrado en cohortes pequeñas y localizadas, por lo que hay carencias a la hora de comprender patrones globales. En un estudio reciente, el personal científico analizó más de 3000 muestras de heces de bebés de 2 a 18 meses de 12 países de África, Europa, Asia y América, por lo que se obtuvo una visión integral del desarrollo del microbioma temprano. 

El estudio halló que, a pesar de las diferencias existentes en la dieta y el entorno, los bebés de todo el mundo mostraron tendencias semejantes en el desarrollo microbiano. Las Bifidobacterium spp. son las dominantes en la primera infancia, pero disminuyen según va aumentando la presencia de las bacterias Faecalibacterium prausnitzii y Lachnospiraceae, cambio relacionado con modificaciones en la dieta, como la introducción de alimentos distintos de la leche. La alfa-diversidad microbiana también aumenta con la edad, reflejo de una comunidad intestinal más compleja a pesar de lo significativo de las diferencias socioeconómicas y geográficas.

En particular, estos patrones fueron consistentes entre continentes, incluso entre entornos de rentas altas y bajas, lo cual sugiere que los hitos de desarrollo son universales. El análisis funcional reveló que los genes microbianos implicados en el metabolismo de los carbohidratos cambian de forma predecible, en línea con la transición de la leche a los alimentos sólidos. Por ejemplo, los cambios hacia la ingesta de carbohidratos complejos generan patrones fundamentales relacionados con la edad en el microbioma intestinal de los bebés, reflejados en el aumento de enzimas de la ruta de las pentosas fosfato y glucolíticas. La consistencia pone de manifiesto la robustez de estos «trazados» microbianos en el desarrollo de un intestino saludable.

Complementariamente, otros grupos de investigación hallaron una asociación entre las concentraciones de GABA en heces de bebés y rasgos de comportamiento específicos en la primera infancia. Teniendo esto en cuenta y dada la variación observada en los niveles de la enzima de una bifidobacteria relacionada con la producción de GABA (un neurotransmisor clave), los científicos sugirieron que una mayor investigación del papel de las bifidobacterias a la hora de modular los niveles de GABA en las heces de bebés podría ayudar a comprender cómo influye la microbiota intestinal temprana en el desarrollo del cerebro.

 

Limitaciones y orientaciones para el futuro

A pesar de que el estudio ofrece una perspectiva global, no tuvo en cuenta factores como el tipo de parto, la duración de la lactancia materna o el uso de antibióticos, que pueden influir en el desarrollo del microbioma.

La comprensión de las funciones del microbioma intestinal todavía está limitada porque muchas especies microbianas, en particular las menos estudiadas, aún no se han mapeado en su totalidad o no se han caracterizado genómicamente. Asimismo, este estudio se centró solo en comunidades de bacterias, sin explorar el papel que tienen otros habitantes del intestino, como los virus, los hongos o los parásitos, en el desarrollo del microbioma intestinal en la primera etapa de la vida.

En futuras investigaciones, podrían incorporarse estas variables para perfilar modelos de predicción según la edad y explorar el modo en que las desviaciones con respecto a los patrones normativos afectan a la salud. Podría ser que, un día, dichas herramientas guíen la nutrición personalizada o las intervenciones tempranas en bebés en situación de riesgo, convirtiendo así la ciencia del microbioma en estrategias sanitarias factibles.

 

Conclusiones

Este estudio sienta las bases para detectar alteraciones que podrían ser indicativas de futuros problemas de salud al identificar patrones universales en el desarrollo del microbioma temprano. Las futuras investigaciones podrían centrarse en estrategias que fomenten un desarrollo óptimo de la microbiota intestinal, como la suplementación con probióticos, la nutrición específica y las prácticas médicas respetuosas con el microbioma. Según va avanzando la investigación, es posible que estas perspectivas deriven en directrices que tengan el microbioma como base a la hora de promover la salud en bebés, toda vez que prueban que hasta el microbio más pequeño puede tener un gran impacto en el bienestar para toda la vida.

 

Referencias:

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