Solo en 2022 se diagnosticaron medio millón de nuevos casos de cáncer de páncreas en todo el planeta. Se trata de un tumor muy agresivo cuya incidencia está aumentando en los países occidentales, aunque se desconocen los motivos. Afecta a hombres y mujeres por igual y tiene una supervivencia aciaga, inferior al 9% a cinco años. En parte, eso se debe a que es asintomático y suele diagnosticarse cuando ya está en una fase muy avanzada o metastásica, lo que complica el tratamiento. De ahí la importancia de hallar biomarcadores que permitan un diagnóstico temprano de la enfermedad.
La Dra. Núria Malats, epidemióloga del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España, se ha dedicado a investigar biomarcadores que permitan identificar la población en riesgo de desarrollar cáncer de páncreas. En 2022, publicó un estudio en el que lograba asociar una combinación de bacterias intestinales al tumor pancreático. Un conjunto formado por 17 microorganismos de la microbiota intestinal, cuando se presentan en una combinación determinada, se asocian a cáncer de páncreas, tanto en fases iniciales como avanzadas. El trabajo fue escogido por la revista BMJ Gut como estudio del año y sus resultados suponen un avance importante hacia la detección precoz de este tipo de cáncer.
El equipo de edición de GMFH tuvo la oportunidad de entrevistar a la Dra. Malats para hablar sobre sus hallazgos.
¿Puede usarse esa combinación de microorganismos intestinales como biomarcador para identificar los pacientes en riesgo de desarrollar cáncer de páncreas?
Aún es pronto, pero ciertamente nuestros resultados allanan el camino en ese sentido y también a poder hacer cribados poblacionales para detectar la enfermedad en sus primeros estadios. A diferencia de otros tipos de cáncer, como el de mama o pulmón, en el de páncreas se han producido pocos avances en los últimos años tanto en su conocimiento como control. En este sentido, en los últimos cinco años se ha puesto en marcha una red de centros y expertos a nivel de Europa y Estados Unidos para unir ideas y proyectos con el objetivo de comprender mejor su origen y hallar formas de controlarlo.
¿De dónde surge la sospecha de que la microbiota intestinal podía estar implicada en el cáncer de páncreas?
Llevo estudiando el cáncer de páncreas desde hace más de 30 años y recientemente empezamos a ver algunos resultados, no concluyentes, que asociaban la periodontitis bucal, una infección grave de las encías causada por la placa bacteriana, con un riesgo aumentado de tumor de páncreas. Otro estudio posterior realizado con una cohorte de pacientes europea encontró anticuerpos contra una bacteria bucal, Porphyromonas gingivalis, en los pacientes con este tumor. Así es que decidí emprender junto a Peer Bork, director del Laboratorio de Biología Molecular Europeo (EMBL) en Heidelberg (Alemania) un gran estudio a nivel europeo con 4000 individuos en el que buscamos factores de riesgo de cáncer de páncreas. Nos percatamos de que la periodontitis era uno y comenzamos un pequeño estudio piloto asociando perfil de microbiota oral con cáncer de páncreas y pancreatitis crónica. En una segunda fase, aumentamos la muestra de pacientes y recogimos muestras de saliva, heces, orina, sangre y tejidos de
60 pacientes de cáncer de páncreas, 60 controles y 27 pacientes de pancreatitis, una inflamación del páncreas. Participaron un número similar de hombres y de mujeres, mayores de 18 años, aunque la edad media era de 70 años. Los resultados de la secuenciación de las muestras son los que hemos presentado en este artículo.
¿Cuáles fueron los principales descubrimientos o perspectivas obtenidas de su investigación?
Hemos identificado una firma de 17 microorganismos, sobre todo bacterias y una arquea que discrimina muy bien el cáncer de páncreas de los individuos control. Esa firma podría ya estar antes de que se diagnostique el cáncer, por lo que permitiría predecir individuos en riesgo de desarrollarlo. Ahora queremos utilizar cohortes de pacientes europeas para comprobarlo. Dentro de esa firma hay algunas bacterias ‘malas’ ya conocidas, como Fusobacterium nucleatum, también asociada a cáncer de colon. También hemos visto especies protectoras, como las bifidobacterias, que, en un estudio preliminar hemos visto que se asocian con la ingesta de pescado y vegetales.
¿Cuál es el siguiente paso?
Trasladar esa firma a una posible prueba fácil de implementar que pudiera usarse en programas de cribado. También estamos estudiando si es posible identificar esas bacterias en sangre. Por el momento, estamos llevando a cabo estudios en modelos animales para clarificar también qué es lo que ocurre. Vemos que cuando aparece esta combinación de microorganismos hay un riesgo aumentado de cáncer de páncreas, pero no sabemos el mecanismo que hay detrás; o si esta combinación de bacterias es causa o consecuencia del tumor ni cómo está participando en la tumorgénesis.
En el estudio que llevaron a cabo con 4000 personas en Europa, ¿identificaron cuáles son los factores de riesgo para la enfermedad?
Analizamos alimentación y consumo de fármacos, como la metformina, muy usado en diabetes; esta enfermedad, y la obesidad, son factores de riesgo de este cáncer. Y hemos visto que los pacientes diabéticos que toman metformina tienen una microbiota desequilibrada y un riesgo aumentado de desarrollar cáncer de páncreas. También hemos mirado la dieta en un estudio muy preliminar en que preguntábamos a los mismos pacientes qué comían y con qué frecuencia, por lo que aún no podemos extraer conclusiones en firme. Aunque es cierto que hemos empezado a identificar algunos perfiles protectores de microbiota que se asocian al consumo de determinado alimentos vegetales.
Me gustaría mucho poder contribuir al diagnóstico temprano de este cáncer, por cribado, cuando la enfermedad es aún asintomática y el tumor es muy pequeño y susceptible a cirugía y a una potencial curación. Para eso, necesitamos saber muy bien cuál es la población de riesgo, hallar marcadores de cribado y definir la ventana de oportunidad. Mi investigación se enfoca en definir qué población tiene un riesgo elevado de desarrollar un cáncer de páncreas.
¿Crees que se deberá tener en cuenta la microbiota intestinal a partir de ahora tanto para diagnosticar como para tratar el cáncer de páncreas?
Está claro que es una enfermedad multifactorial y muy compleja, y que estamos viendo que desde los metabolitos de la microbiota a su composición influyen en ella. Es posible que los metabolitos y todas las sustancias que secretan las bacterias estén infiltrando al páncreas e inflamándolo de forma crónica, y que a eso se sume en algunos casos el tabaco, o el alcohol, y que la suma de todo al final conlleve el desarrollo de un tumor. Por ello, la medicina personalizada del futuro deberá tener en cuenta todos estos factores e integrarlos y será así como podamos acabar definiendo a las personas en riesgo. Esas personas se podrán beneficiar de intervenciones tempranas dirigidas a la microbiota para disminuir ese riesgo, como por ejemplo a base de probióticos, sinbióticos o postbióticos. También, disponer de biomarcadores para la enfermedad permitiría que la población pudiera beneficiarse de programas de cribaje rutinarios, para controlar si aparece o no un cáncer en estados precoces.