
© Le French Gut
De entre todas las cosas que debemos a nuestras madres, se encuentra un regalo de salud para toda la vida: las bases de nuestro microbioma intestinal. Esta vasta comunidad de miles de millones de microorganismos —bacterias, principalmente—, desempeña un papel fundamental en la digestión, la respuesta inmunitaria y el metabolismo a lo largo de la vida. Durante los primeros dos años, este núcleo de microbios se desarrolla y estabiliza en función de factores como la lactancia materna, el entorno familiar y la exposición a mascotas o antibióticos.
El personal científico tiene un buen conocimiento de la evolución del microbioma en la primera infancia y en la edad adulta. Son miles los estudios que describen cómo van cambiando con el tiempo dichas comunidades microbianas y cómo dichas alteraciones están relacionadas con el riesgo de enfermar o, incluso, con la longevidad. Sin embargo, lo que le sucede al microbioma intestinal entre los 3 y los 18 años sigue estando rodeado de tinieblas.
Precisamente, un nuevo proyecto llamado Le French Gut Kids busca arrojar luz sobre esta cuestión. Un gran equipo científico planea inscribir a 10 000 niños y adolescentes de toda Francia. Hasta el 2029, examinarán detenidamente sus estilos de vida y sus «panzas» para comprender cómo evoluciona la microbiota intestinal entre la niñez y la adultez, y para identificar marcadores que podrían ayudar a predecir trayectorias de salud y el riesgo de padecer enfermedades más adelante en la vida.
«Estamos presenciando más enfermedades y problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia. Al mismo tiempo, también vemos trastornos en adultos cuyo origen puede estar en los primeros años de vida», comenta Hervé Blottière, científico responsable del proyecto.
«La infancia constituye un periodo crítico en la formación del microbioma que nos acompañará el resto de la vida. Pretendemos capturar el inicio de la historia y responder a cuestiones como qué papel tienen los alimentos, el estilo de vida y el entorno en la diversidad intestinal; cómo se construye el microbioma desde el nacimiento; cómo se transfieren los microbios de padres a hijos y qué relación guarda todo ello con varias enfermedades comunes», agrega Blottière.
El proyecto, que se lanzó en noviembre, tiene como base la iniciativa Le French Gut de 2022. Ambas iniciativas están coordinadas por el INRAE (Instituto Nacional de Investigación sobre Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de Francia) en colaboración con Assistance Publique – Hôpitaux de Paris (conjunto de centros hospitalarios universitarios de París y su región) y respaldadas por un consorcio de 15 miembros.
Otro de los objetivos del estudio es concienciar a los niños y adolescentes sobre la importancia del microbioma intestinal para la salud y cómo cuidarlo, especialmente a través de la dieta. A este respecto, se han creado materiales educativos destinados a escuelas de educación primaria y secundaria. También existe un pódcast sobre las bacterias, así como vídeos, exposiciones y contenido digital interactivo.
«Pretendemos capturar el inicio de la historia y responder a cuestiones como qué papel tienen los alimentos, el estilo de vida y el entorno en la diversidad intestinal; cómo se construye el microbioma desde el nacimiento; cómo se transfieren los microbios de padres a hijos y qué relación guarda todo ello con varias enfermedades comunes»
Para examinar la salud intestinal de los niños y adolescentes en profundidad, se pide a los participantes que completen cuestionarios y envíen muestras de heces a un laboratorio central. La participación en el estudio cuenta, en parte, con los padres y madres ya inscritos en Le French Gut, que ha incorporado a 30 000 voluntarios, la mayoría mujeres de entre 30 y 70 años. También se está echando mano de las redes sociales y los influencers, una herramienta muy potente según el personal investigador. Cualquier persona que esté interesada en participar, puede inscribirse en: https://lefrenchgut.fr/
Uno de los principales desafíos del proyecto será garantizar una muestra que represente a la sociedad francesa de verdad y no solo a personas con una formación académica superior. Otro de los desafíos consiste en gestionar y analizar la ingente cantidad de datos generados. «Obtendremos una inmensa cantidad de información de progenitores, niños, metagenómica y registros sanitarios. Necesitaremos recursos informáticos para procesarla, además de capital intelectual, desde personal clínico hasta bioinformático, microbiólogo o ecólogo», explica Patrick Veiga, científico director de Le French Gut Kids e director de investigación en la unidad MetaGenoPolis del INRAE.
«Al final del proyecto, nos gustaría dar orientaciones que puedan tener un impacto real en la salud pública a la sociedad y a las personas responsables de elaborar políticas», comenta Veiga. Dichas recomendaciones podrían incluir cambios como el enriquecimiento de los menús de las cantinas escolares con alimentos ricos en fibra, polifenoles y yogur, en sustitución de opciones menos saludables. El proyecto también procura desarrollar recomendaciones adaptadas para subgrupos específicos de niños.
«Al final del proyecto, nos gustaría dar orientaciones que puedan tener un impacto real en la salud pública a la sociedad y a las personas responsables de elaborar políticas»
El personal investigador encargado de estudiar el envejecimiento saludable suele resaltar que este comienza en etapas tempranas de la vida, no a los 60. La ambición de Le French Gut Kids es identificar trayectorias de salud desde una corta edad e, idealmente, intervenir en ellas cuando apunten a resultados menos favorecedores. El hecho de poder detectarlas y corregirlas a tiempo «sería un sueño», en palabras de Veiga.