El mundo invisible que llevamos dentro
Los microbios suelen tener mala fama. De primeras, las palabras «bacterias», «virus» u «hongos» nos hacen pensar en «infección» o «enfermedad». Al fin y al cabo, en la cultura popular, los microbios llevan mucho tiempo considerándose como agentes invisibles que hacen que enfermemos. No obstante, la ciencia actual nos cuenta una historia diferente.
En el intestino del ser humano reside una compleja comunidad de bacterias, hongos, virus y arqueas que, en conjunto, conocemos como la microbiota intestinal. Estos microorganismos que viven en el intestino, lejos de ser una amenaza, son nuestros aliados, dado que muchos desempeñan funciones con un papel crucial en el organismo.1 Nos ayudan a digerir la fibra, a producir nutrientes esenciales (por ejemplo, los ácidos grasos de cadena corta, la vitamina K, así como la mayoría de las vitaminas del complejo B), a entrenar el sistema inmunitario y a protegernos de patógenos dañinos. La comunidad científica está descubriendo que lo más importante no es si un microbio es «bueno» o «malo», sino si está en el lugar adecuado y con un equilibrio apropiado. De hecho, si la comunidad microbiana está desequilibrada, es posible que ciertos miembros pasen a ser dañinos. Sin embargo, si está presente en una microbiota intestinal sana y bien equilibrada, sus miembros ofrecen efectos protectores o favorecedores de la salud. Teniendo esto en cuenta, este Halloween arrojaremos luz sobre algunos residentes intestinales cuyos nombres pueden ser escalofriantes, pero que tienen funciones de todo menos aterradoras.
Conozcamos algunos de estos microbios no tan siniestros
Descubierta hace relativamente poco, en 2004, la especie Akkermansia muciniphila se ha convertido rápidamente en uno de los miembros de la microbiota intestinal más estudiados. Esta bacteria dista de ser amenazadora. Reside próxima a la barrera intestinal, donde se alimenta de la mucosa intestinal, no con el fin de dañarla, sino de mantenerla sana, pues estimula la renovación de la pared intestinal y refuerza su barrera.
La Akkermansia muciniphila resulta verdaderamente fascinante por su potencial como «probiótico de próxima generación».2 Este tipo de nuevo probiótico se está investigando y desarrollando con la atención puesta en el tratamiento de enfermedades concretas, en comparación con los probióticos tradicionales, como Lactobacillus y Bifidobacterium, que se centran principalmente en la salud intestinal. En la actualidad, el personal científico explora la capacidad que tiene de influir tanto en la salud intestinal como en la metabólica, pues permite regular los niveles de glucosa, el peso corporal y la respuesta inmunitaria.
Las investigaciones han vinculado niveles más altos de Akkermansia con un menor riesgo de padecer obesidad y diabetes de tipo 2, por lo que resulta un candidato prometedor en la remodelación del futuro de las terapias con probióticos, cuyo objetivo es mejorar la salud de la mucosa y el equilibrio metabólico en general. En el caso de las enfermedades inflamatorias intestinales o de microbiotas intestinales alteradas tras un tratamiento antibiótico, cierta evidencia hallada en ratones advierte contra el uso de A. muciniphila como probiótico potencial.
Clostridium butyricum es una bacteria comensal humana que puebla el intestino de forma natural y ofrece varios beneficios. Prolifera al fermentar la fibra dietética y otros materiales que el huésped no degrada y, al hacerlo, produce butirato, un ácido graso de cadena corta esencial en la nutrición de las células intestinales, el refuerzo de la barrera intestinal y la reducción de la inflamación.
Además de producir butirato, la C. butyricum también forma esporas, que le permiten sobrevivir en el entorno ácido del estómago y llegar viva al intestino, aunque se ingiera oralmente. Una vez allí, favorece el equilibrio intestinal al aumentar los niveles de bacterias que protegen frente a enfermedades e inhibir aquellas que pueden causarlas. Este potencial probiótico se está estudiando en relación con trastornos asociados al daño del epitelio intestinal para preservar la salud intestinal, mantener la integridad de la barrera intestinal, inhibir las bacterias patógenas y reducir el riesgo de traslocación, es decir, el paso de microorganismos del intestino a la sangre.3-5
E. coli es uno de los nombres más familiares de la microbiología e incomprendido con frecuencia. A pesar de que determinadas cepas pueden causar infecciones, la mayoría de Escherichia coli que habitan en el intestino humano son inofensivas e, incluso, beneficiosas. Estas cepas comensales colaboran en funciones esenciales como la producción de vitamina K, el metabolismo de nutrientes y la preservación del equilibrio microbiano al prevenir que las bacterias dañinas tomen el mando.
Una cepa en particular, E. coli Nissle 1917, lleva siendo objeto de estudio más de un siglo y, en la actualidad, se considera que es una de las bacterias probióticas más conocidas en lo que respecta a la salud intestinal. Se ha usado en varios contextos clínicos para respaldar el equilibrio intestinal y ayudar a prevenir perturbaciones gastrointestinales. A pesar de su éxito y al igual que sucede con otros probióticos, existe un pequeño riesgo de infección en el caso de personas con un sistema inmunitario debilitado. Este aspecto de posible «Jekyll y Hyde» de los probióticos en relación con su naturaleza de doble filo debería alentar a que los pacientes y consumidores comenten su uso con el personal médico, en especial si su sistema inmunitario está comprometido por enfermedades como el cáncer, el VIH o el trasplante de órganos.6
Descubierta en 1923 por el científico francés Henri Boulard a partir de frutas tropicales como el lichi y el mangostán, Saccharomyces boulardii es una levadura que ha consolidado su reputación como probiótico bien establecido. Sí, ha leído bien: también albergamos hongos en nuestro ecosistema intestinal, conocido en conjunto como el micobioma intestinal.
Aunque el número de hongos presentes en la microbiota es mucho menor en comparación con otros microbios, son mucho más grandes que las bacterias y los virus. A diferencia de las bacterias, la S. boulardii no coloniza el intestino de forma permanente, sino que actúa como un aliado temporal que ayuda a limitar la alteración y a restablecer el equilibrio en momentos de perturbación, en especial tras un tratamiento con antibióticos.
Se ha mostrado en estudios clínicos que S. boulardii ayuda a restablecer el equilibrio microbiano y a restablecer la barrera intestinal, y que puede prevenir y tratar ciertas infecciones, como la diarrea del viajero y las causadas por Helicobacter pylori.7
Streptococcus thermophilus se conoce como uno de los iniciadores de la fermentación en yogures y queso. Sin embargo, más allá de su fama culinaria, esta bacteria desempeña un valioso papel en la salud humana. Al fermentar la lactosa y generar ácido láctico, permite que las personas con una leve intolerancia a la lactosa digieran los productos lácteos con mayor facilidad (sin síntomas), al tiempo que contribuye al equilibrio intestinal general.8
En estudios emergentes,8 se sugiere que S. thermophilus también puede influir en la composición microbiana intestinal y favorecer la regulación del sistema inmunitario al interactuar con el metabolismo de las sales biliares y las enzimas digestivas. Con su doble función, tanto en los alimentos como en la salud intestinal, resulta un verdadero ejemplo de las diversas ventajas que tiene sobre el huésped el consumo de microbios vivos diariamente a través de alimentos fermentados.
Candida albicans es una levadura presente forma natural en el intestino de entre el 50 y el 60 % de los adultos.9 En condiciones de equilibrio, coexiste pacíficamente con el resto de la microbiota e incluso aporta beneficios, pues ayuda a proteger frente a patógenos bacterianos como la Clostridioides difficile, una bacteria altamente contagiosa que causa diarrea y colitis cuando la microbiota intestinal normal está alterada, y favorece la regulación del sistema inmunitario.
Cuando este equilibrio se perturba, por ejemplo, con el uso de antibióticos o el estrés, C. albicans puede pasar de ser un huésped inofensivo a problemático. Su sobrecrecimiento se ha vinculado a la inflamación intestinal y, en personas que tengan el sistema inmunitario debilitado, a veces, puede causar infecciones graves. Son muchas las mujeres que están familiarizadas con las infecciones por C. albicans (candidiasis) que surgen tras el uso de antibióticos.10 Es un buen recordatorio de que mantener controlada esta «oportunista» forma parte de la preservación de la harmonía microbiana general.11
El equilibrio es la cuestión
Otros microbios, como Helicobacter pylori, Fusobacterium nucleatum o Clostridioides difficile, también tienen un nombre amenazador. Pueden causar enfermedades en determinadas condiciones (por ejemplo, la proliferación de C. difficile tras un antibiótico) o si están fuera de su hábitat natural (por ejemplo, cuando F. nucleatum se encuentra en el intestino en vez de en la boca). Sin embargo, en las investigaciones se está descubriendo que el contexto importa: algunas de estas especies tienen un papel regulador o protector cuando coexisten en armonía con otras.
El mundo microbiano no se divide en villanos y héroes. Se compone de ecosistemas dinámicos y nuestra salud depende de que conservemos su equilibrio. La dieta, el estrés, los antibióticos e, incluso, otros medicamentos, aunque no sean antibióticos, pueden alterar esa estabilidad. El consumo de alimentos ricos en fibra y productos fermentados, y un estilo de vida saludable son maneras fundamentales de proteger los billones de microbios que mantienen nuestro intestino (y el resto del organismo) en forma.
Este Halloween, no temamos a lo invisible: rindámosle homenaje.

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Referencias:
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- Liu, Y., Li, Z., Lee, S.C. et al.Akkermansia muciniphila: promises and pitfallsfor next-generation beneficial microorganisms. Arch Microbiol 207, 76 (2025). doi.org/10.1007/s00203-025-04263-w.
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- Yang, Q., Zaongo, S.D., Zhu, L. et al.The Potential of Clostridium butyricum to Preserve Gut Health, and to Mitigate Non-AIDS Comorbidities in People Living with HIV. Probiotics & Antimicro. Prot. 16, 1465–1482 (2024). doi.org/10.1007/s12602-024-10227-1.
- Stoeva, M. K., Garcia-So, J., Justice, N., Myers, J., Tyagi, S., Nemchek, M., … Eid, J. (2021). Butyrate-producing human gut symbiont, Clostridium butyricum, and its role in health and disease. Gut Microbes, 13(1). doi.org/10.1080/19490976.2021.1907272.
- Falzone, Luca et al. “Benefits and concerns of probiotics: an overview of the potential genotoxicity of the colibactin-producing Escherichia coli Nissle 1917 strain.” Gut microbes vol. 16,1 (2024): 2397874. doi:10.1080/19490976.2024.2397874.
- Waitzberg D, Guarner F, Hojsak I, et al. Can the evidence-based use of probiotics (notable Saccharomyces boulardii CNCM I-745 and Lactobacillus rhamnosus GG) mitigate the clinical effects of antibiotic-associated dysbiosis? Adv Ther. 2024; 41(3):901-914. doi: 10.1007/s12325-024-02783-3.
- Ahn SI, Kim MS, Park DG, Han BK, Kim YJ. Effects of probiotics administration on lactose intolerance in adulthood: A meta-analysis. J Dairy Sci. 2023;106(7):4489-4501. doi:10.3168/jds.2022-22762.
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