Imagínese que está resfriado, muy resfriado. El dolor de cabeza es constante, la nariz le gotea y tose como si fuera a estallarle el pecho. Por muchas mantas que se eche encima, no consigue entrar en calor. Ya lleva cinco días con este sufrimiento y empieza a estar exhausto, lo único que quiere es volver a la rutina.

En ese momento, siente una fuerte tentación de pedirle a su médico que le recete antibióticos. De hecho, el resfriado común— oficialmente diagnosticado como infección de las vías respiratorias altas (IVRA) —es una de las primeras razones para acudir al médico en Estados Unidos.

Pero he aquí el problema: los antibióticos son ineficaces frente al resfriado común. A pesar de que los pacientes con IVRA piden a menudo a sus doctores que les receten antibióticos y que los médicos los prescriben con frecuencia, el causante del resfriado común es un virus y por lo tanto no se puede curar con fármacos cuyo blanco son las bacterias. (En ocasiones parecen funcionar, pero esto se podría atribuir al efecto placebo).

Los antibióticos administrados para el resfriado común representan cerca del 30% de las prescripciones de antibióticos realizadas de forma errónea en las clínicas y hospitales de Estados Unidos. El uso excesivo de antibióticos se considera actualmente una de las principales amenazas para la salud pública mundial, ya que contribuye al problema de la resistencia a los antibióticos: los microorganismos desarrollan la habilidad de resistir a los fármacos diseñados para eliminarlos. Por otro lado, los antibióticos podrían afectar a la microbiota intestinal, lo cual supone mayores riesgos para la salud a largo plazo.

¿Pero hay manera de evitar este fenómeno? Obviamente, lo ideal sería no llegar a resfriarse. Sin embargo, parece imposible evitar la exposición a virus nocivos en una sociedad en la que estamos rodeados de miles de personas, y en contacto con botones de ascensor, teclados de cajeros automáticos o los clásicos pomos de puerta.

Un equipo de científicos y expertos ha comenzado a investigar una herramienta capaz de resolver este espinoso problema: los probióticos como medida preventiva contra el resfriado común.

Un análisis científico llevado a cabo en el 2015 ha sacado a la luz numerosas pruebas que apuntan a unos efectos muy positivos de los probióticos en el resfriado común. Al final de este análisis, que comparaba grupos de adultos que consumían probióticos con otros que no, los científicos observaron que cuando consumían probióticos, el número de personas que desarrollaban un resfriado disminuía en un 11 %. Asimismo, la enfermedad duraba de media 2 días menos en aquellos que ingerían probióticos. Y no solo eso: a los individuos que consumían probióticos de forma preventiva se les prescribían menos antibióticos.

Cálculos matemáticos realizados en Francia y Canadá ilustran perfectamente los beneficios que podría aportar a la vida diaria el uso de probióticos. Los análisis publicados en 2015 y 2016 han demostrado que el uso generalizado de probióticos evitaría que se receten miles de antibióticos al año en cada país: entre 291.000 y 473.000 en Francia y entre 52.000 y 84.000 en Canadá. Y además, también podría conducir a ahorros importantes en los gastos de salud.

Expertos de la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP) planean hacer un seguimiento de estos estudios investigando sistemáticamente si el uso de antibióticos disminuye cuando se administran probióticos a las personas para prevenir o tratar infecciones como el resfriado común.

Según la Organización Mundial de la Salud, reducir el uso indebido o excesivo de antibióticos se ha convertido en un asunto prioritario en el ámbito de la salud. Los profesionales de salud disponen de un número creciente de pruebas que les ayudarán a entender la mejor manera de sacar provecho de los probióticos para enfrentarse a este problema. ¿No le parecería maravilloso poder evitar los temblores y los resoplidos de la persona que sube en el ascensor con usted antes incluso de que empiecen a producirse?

Kristina Campbell
Kristina Campbell
La escritora científica Kristina Campbell (M.Sc), residente en la Columbia Británica, en Canadá, es especializada en comunicación sobre microbiota intestinal, salud digestiva y nutrición. Autora del existoso libro Well-Fed Microbiome Cookbook, ha publicado sus artículos como freelance en revistas del mundo entero. Kristina se unió al equipo de edición de Gut Microbiota for Health en 2014. Pueden seguir a Kristina en: GoogleTwitter